Vendredi 24 août 2007 5 24 /08 /Août /2007 22:58
Con esta lluviecita fina y yo perdido en los confines de la banlieue norte – pinche Angel no es el único que puede hablar en itálica – metido en este parque industrial igual a otros, con oficinas así y asá, todas igualitas, con la plaquita del número de oficina y el nombre de la persona en la puerta, con su comedor, su sala de formación y aquí es donde entro yo. Un engranaje más como eventual en el diario acontecer de esta filial constructora de helicópteros, rodeado de ingenieros por todas partes y fotos de misiles, helicópteros de combate y maquetas por todos lados. Acá vengo dos o tres veces por semana muy modosito a dar mi clase, y previa identificación y obtención de un badge, puedo entrar a este mundo prohibido para la mayoría de los civiles que no tienen el privilegio de venir a limpiar, reparar la máquina del café o dar clases de idiomas.
 
 
No es que me fastidie venir hasta acá, es que si vengo es para un curso particular –ya de por sí fastidioso- que normalmente era de 60 horas para 8 personas y que finalmente se dividió en dos grupos, uno de 7 y otro de uno, porque ese dichoso uno hiede, apesta, huele a troquero o como quieran, y el resto de los practicantes se negó terminantemente a tomar clases con él. Alertado por los 7 beligerantes de ello, el servicio de formación decidió pagarle clases particulares a este señor, y así todo mundo aprovecha las clases y solo fastidiamos a uno con el olor del tipo. Y ese pendejo que soporta soy yo. Pero al menos es chamba inesperada y perrobien pagada.
 
Hasta eso el tipo no es mala leche, pero El Oloroso (así lo pasamos a llamar) presenta un hedor característico del metro de París en invierno, resultante de vida en pequeño departamente mal ventilado o de plano no ventilado, donde se fuma, se bebe y se suda, y se pone uno la misma camisa y la misma camiseta todos los días. A juzgar por lo chamagoso del pelo, este director de producción debe lavarse con una esponjita o meterse a la regadera una vez por semana.
 
Pero por hoy, terminó la sesión, casi una semana de libertad nasal provisional por delante. Ahora tengo que tomar un tranvía para ir al metro y correrle para llegar a la Unesco en una hora, hora y cuarto. De aquí a Saint Denis y de ahí todo derecho hasta Duroc, y de ahí a Ségur y camino.
 
Una hora más tarde me estoy bajando en Ségur. Hacía añales que no venía por acá, y pensar que lo hice diario durante poco más de un año. Las mismas tienditas, la misma panadería. Una cuadra. Atravesar el boulevard Garibaldi, la misma placita. Esta placita la retocaron un poco, antes el león de bronce de una escultura lucía testículos de color rojo, producto de una mente desocupada con un bote de spray. Ahora luce los huevos limpiecitos y rasurados, qué león tan correcto.
 
Ahí está, al doblar la esquina, el monstruo. El dinosaurio de la Unesco-Miollis, el edificio más pinche y feo de estilo sesentero, más arcaico y deprimente por dentro y por fuera que pueda concebirse. El monumento a la mediocridad, con y sin la gente que cohabita adentro. Ni sé para qué vine, ni sé cómo Angel aguanta trabajar acá, lo negrean regacho y le pagan lo que le pagan. Pero bueno. Apuesto a que después de todo este tiempo, voy a ver a las mismas secres, los mismos empleados, los mismos funcionarios. Estoy seguro que a ese señor que va entrando yo lo conozco, por ejemplo.
 
Bueno, veamos. Ando trajeado, finjo naturalidad, entro por aquí al estacionamiento…listo, como antes. El ascensor a la derecha,, nada cambia. Subimos a la Planta baja y heme aquí.
 
La Unesco.
 
¿ Dónde estaba el kiosco Relais ? ¿El restaurant era en el piso –1 o en la planta baja ?
 
La asfixiante Unesco. La mal iluminada Unesco, la monótona Unesco. Eso se ve en los pisos, la planta baja todavía se salva un poco, pero es pura fachada. Seguro que desde que Cortázar trabajaba aquí, ni la decoración en los pisos ni las oficinas han cambiado nada. Grandes posters en blanco y negro de algunas misiones, fotos antediluvianas con gente luciendo unos cortes de pelo y unos bigotazos, cuando no es un africano con el pelo a lo afro. Diario veía esas fotos, seguro que todavía están.
 
-          A ver señor, permítame su badge.
 
Me volteo para descubrir al pinche Angel.
 
-          No mame joven, soy el embajador de Bolivia y si se pone perro no le vendo más coca.
-          Ja ja. ¿Te acuerdas todavía ?
-          Fue un día glorioso para la historia de los bolivianos honestos. Lástima que el abuelo tuviera inmunidad diplomática.
-          Tengo poco más de una hora, vamos a comer.
 
Los mismos pasillos, el mismo linóleo negro quemado aquí y allá por colillas de cigarro mal apagadas o no apagadas del todo, manchas de humedad en las paredes, funcionarios, funcionarios, más funcionarios…de aquí debió inspirarse Thierry Gilliam para hacer « Brasil ».
 
Pasamos frente al Economat y llegamos al comedor. Si recuerdo bien era medio carito, pero aquí en Angel es de la casa y además dijo que él invitaba, ahora se jode.
 
-          Carajo, nadamás entrar me dan ganas de deprimirme. Dos veces me corrieron de mala manera, y cuando estaba aquí no hablaba ni bien francés, a duras penas podía escribir 5 líneas para hacer 40 errores de ortografía, no tenía contrato y me pagaban, cuando me pagaban au noir, una miseria. Te aseguro que si subo al tercer piso a Bolivia o al séptimo a la delegación mexicana, voy a ver al menos a las mismas pinches rucancianas que ejercen su labor como secretarias en eterna menopausia y furor funcionario. Era un asco.
-          Sobre las secres mexas no te equivocas, quedan 2 de 3, ahora hay una joven porque otra que nunca supe cómo se llamaba se jubiló. La crucé el otro día por Place de Clichy.
-          Ya sé cual dices. Me hacía la vida de cuadritos porque yo no era personal diplomático y porque cuando ella hacía una carta en inglés, el embajador me la daba a mí para que la corrigiera. Ella hacía un chingo de errores y ahora creo que si me piden escribir en inglés a mí no paso del Dear Sir.
 
Pasamos por el Self, de ahí a la caja y directo a las mesas. Pinche Unesco, toda ajada, ¿ qué les cuesta darle una renovada total a este dinosaurio o cambiar de sede ? Todavía Unesco-Fontenoy se defiende mal que bien, pero aquí…
 
-          Me cae que esta madre no cambia. No sé cómo le haces tú para no aburrirte, o no hacer una depresión. Heme aquí otra vez en el vientre del Gran Elefante. A ver si de perdido mejoró la calidad del Self.
-          Son los mismos que atienden, me imagino que en cocina siguen siendo los mismos. Y en las delegaciones, sabes cómo es…las caras grandes se van, las caras medianas se quedan, y las caras chicas son siempre legión. Y por el personal burocrático del Elefante, el mismo de siempre, con la eficacia de siempre.
-          Da gusto haberse mandado mudar.
-          Ah que Diego… a poco no extrañas las guerritas entre delegaciones, el ambiente remamón de las asambleas generales, las movidas entre embajadores y secretarias…¿cómo se llamaba la Miss Bolivia ?
-          Silvia. ¿Te acuerdas cómo me tiraba los perros ? pero estaba yo muy pollito… « era suya, la tenía y la dejó irrrrrr »
 
Angel sonríe, probablemente pensando en las minifaldas de Miss Bolivia. Luego entrecierra los ojos y me pregunta.
 
-          Cuando dices que estabas muy pollito, ¿te refieres a la edad o a lo pendejo ?
-          Dame chanza…acababa de llegar, tenía 21 años, era un mocoso perdido en una gran ciudad desconocida y caído de chiripa en la panza del Elefante.
-          No contestaste mi pregunta.
-          ¿ Va en serio o estás jodiendo ?
-          Va en serio.
-          Estaba muy joven, muy iluso y muy pendejo. Y si no me tiré a la Silvia es porque todo el mundo andaba tras de ella, me imagino que sabían que jalaba…esa chava no tiraba indirectas, iba «droit au but » como el Olympique de Marseille…me imaginaba que estaba ya toda pasteleada…una vieja ofrecida así no me dio ganas.
-          ¿ Ni aunque fue Miss Bolivia ? lindo trofeo de caza.
-          ¿ Te conté que me invitó a un sauna ?
-          Me contaste, sí. Pero de lo que dijiste antes, ¿qué se te quitó ? ¿lo iluso o lo pendejo ?
-          ¿ Soy yo o andas medio ofensivo ?
-          No contestes si no quieres.
 
Sepa qué le picó a éste. Regreso a mi plato y Angel se concentra en el suyo. El silencio es pesadito pero no dura mucho.
 
-          Antes eras más luchón. Se te enfriaron los huevos.
 
Conque era eso.
-          Bueno, ahora tú ¿qué te traes ?
-          Diego, te conozco desde el Tec…
-          No mame, en el Tec nomás llevamos una materia juntos nadamás. Y una vez le pusimos 6-0 a tu equipillo pedorro en futsala, con el quinto gol de tu servidor.
-          Bueno, nos graduamos al mismo tiempo, salimos del país justo cuando empezó la crisis…llegamos con dos semanas de diferencia a la Unesco, chambeamos dos años con el Elefante, planeamos guerritas contra él, combatimos la burocracia, luchamos hasta contra el tráfico de drogas y la prepotencia de los embajadores de nuestras delegaciones…
-          ¿ Le llamas lucha contra la prepotencia cuando le tiramos al embajador mexa las aspirinas con las que se curaba la cruda los lunes o cuando les quitábamos todas las grapas a las engrapadoras?
-          Le llamo lucha a nuestras conversaciones, a una visión compartida del mundo, a la rabia que nos daba la corrupción, la estupidez de los embajadores, la monstruosa lentitud e ineficacia de los funcionarios que no funcionan, el tren de vida y el cerebro hueco que se daban los funcionarios de las delegaciones que llegaban a las 11, leían revistas, se iban a las 3 y se quejaban del stress…
-          ¿ Y qué cambió aquí desde que me fui?
-          En grandes líneas, nada.
-          ¿Ves buey ? Las luchitas eran divertidas, para pasar el rato, pero hoy no creo que hayan servido de nada…qué iban a poder dos explotados del sistema para madrear al Elefante. Creo que siempre fue así y así va a seguir siendo…
-          Puta, ¿te estás oyendo hablar ?
 
Me oigo hablar. Angel me mira fijo.
 
-          Sí, ya sé que se oye ojete, pero mira, ahora rondamos los 30 años, tú te quedaste en el Elefante, yo no pude y ahora no creo que me hubiera gustado. No sé cómo puedes trabajar en este cochinero. Los que jalan siguen siendo los jóvenes como tú o yo que llegan al final de sus estudios con ganas de chambear y que trabajan 9 horas diarias sacando copias y redactando correo que nadie leerá, enviándole invitaciones de vernissages y noches culturales al embajador del culo del mundo, repartiendo cartas por todas las delegaciones y yendo al Economat a llenar el refri de la delegación o a comprarle su pan a la esposa del embajador. Y por todo esto te pagan un euro al mes. Y cuando te hartas y ves que te explotan y que no hay chanza de que subas, te largas y tu lugar lo ocupa otro recién graduado que está en la lista de espera y que se tomará tu engrapadora, tu silla y tu euro simbólico.
-          ¿En resumen ?
-          En resumen, para qué amargarse luchando por pendejadas que no puedes cambiar. Que agarren y hagan su desmadre. Mientras no se metan conmigo, ni pedo. Ya se morirán. El elefante es biodegradable.
-          Te oigo hablar y casi casi estoy oyendo a Graciela.
-          No mames, que entonces sí me voy a alarmar.
-          El domingo pasado, ¿te acuerdas cuando saqué el artículo del Obispo ? dijiste casi lo mismo, que para qué me interesaba en eso, que los dejara hacer su desmadre, que no se podía cambiar nada y que mientras no se metieran contigo.
-          No dije eso.
-          Ponle que no, pero no andabas lejos.
-          Bueno, ya estuvo, ¿adónde quieres llegar ?
-          ¿Te puedo hablar derecho?
-          Dale, una más, una menos.
-          ¿ Es lo de Hélène que te tiene así o de plano bajaste los brazos y entraste al redil ?
-          ¿ Cual redil ? no confundas el idealismo pendejo de dieciochoañero y el pragmatismo…esta madre no la cambia ni tú, ni yo ni el director general…por cierto, la guatemalteca que se tiraba ese cabrón…
-          O sea que para el señor Lazo, pragmatismo es agacharse.
-          No confundas, pero bueno, ¿qué quieres que te diga ?
-          Quería que me dijeras que te interesabas por la injusticia, que te sigue asqueando la corrupción en lugar de aceptarla y seguirle el juego a esos cabrones, quería que me dijeras que no has apagado el cerebro ni encerrarte en tu pequeña vida pedorra, pero en el último Yaqui te desconocí. Así no eras buey, aquí te respetaban…
-          Sí buey, se nota.
-          No ellos pendejo, nosotros. Antes dabas la cara, sacabas trapos al sol, enviabas las pendejadas de los embajadores por la red, una vez a un periódico…
-          …que no dijo nada.
-          …y lo de la coca del embajador.
-          Ejele, ese no fui yo. Ahí sí no me atreví.
-          Pero el güey que lo hizo, ¿crees que se hubiera animado si no te hubiera visto diciendo fuerte y claro lo que pensabas de la guerrita pendeja de faxes entre Perú y Ecuador y cuando le soltaste al boliviano que nos daba lecciones de moral y respeto a las instituciones lo de que él cuando era ministro de educación y le dieron el golpe a su presidenta, se escapó descolgándose del segundo piso ?
-          Ji ji…la cara que puso, ni se animó a mandarme al carajo.
-          Nunca me dijiste cómo sabías eso.
-          Nada del otro mundo. Silvia me lo contó, me gustaría decirte que fue una confesión después del amor y con un cigarro, pero no, fue ahí en el tercer piso. Creo que en Bolivia se supo. Y ese sapo creía que por tener título de embajador todo mundo iba a lamerle las patas y que iba a poder cogerse a las stagères de aquí.
-          Y no se equivocó. A algunas les prometió cosas, les metió alcoholes y véngase.
-          Literalmente, el « véngase »
-          Ja ja.
-          Es igual. Cabrones como ese andan pudriéndose de lana y bien protegiditos, ni quién les reclame nada, y te aseguro que si alguien allá lo reconoce en la calle, se tira a sus pies. En el fondo quisieran estar en su lugar para poder hacer las mismas tranzas que esos cabrones.
-          ¿ Y eso te fastidia ? No digo que te vistas de Supermán y combatas el crimen, pero de ahí a alzarte de hombros y no tomar partido…
-          No tomar partido es tomar partido.
-          Sí, el de ellos.
-         
-         
-          Mejor invítame un café, pinche Angel.
 
Angel se levanta y yo voy tras de él. Ponemos las charolas en su lugar y retomamos los sucios pasillos para ir a la cafetería. Por un momento me duele el paladar y me arden los ojos. Este güey ya me puso triste.
 
Par Jorge Romaneste
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Vendredi 24 août 2007 5 24 /08 /Août /2007 22:56
Al Yaqui 3 -version 2
 
Todavía no son ni las doce y yo ya estoy abriendo la puerta del restaurant, en teoría abren como a las once para el que quiera sentarse y comenzar por una botanita o echase un almuercito, pero ya me ha pasado llegar a las once treinta y encontrar la puerta cerrada. Ha de ser la culpa del huevón del Tepi. Pero hoy no, está abierto, pero en el interior no hay nadie, no hay ni música. Comienza bien esto.
 
Entro y me siento en una mesa para cuatro, aunque la verdad esta semana no quedamos en venir, no hubo plan formal de venir, pero un domingo es un domingo con la raza, así que ya nos ha pasado que por pura inercia y sin confirmar, nos encontramos acá en el restau. Así que confío en que el Angel se descuelgue. Si no, pues de perdido a ver si no hay mucha gente y podemos echar una platicada con el Tepi. Malo va a ser si se aparece Gracielita con su pinche jeta.
 
Pero seamos exactos. Cuando digo que no hay nadie quiero decir que no hay clientes, porque en la barra del espacio cantina está como parte de la decoración Don Jere, quien de buenas no me oyó entrar. Don Jere es un ruquito que debe rondar los ochenta años, y fue el primer refugiado político mexicano que conocí. Antes yo pensaba que oficialmente no existían. Hace unos años, cuando yo venía solo o con Hélène al restaurant, don Jere la hacía de mesero y de cocinero. Antes tenía su propio restaurant ahi por el rumbo de République, de hecho fue ahi que yo lo conocí, en mis épocas de vendedor de espacios publicitarios para una revista mierdera de la comunidad latinoamericana en Paris. Yo iba allá a su restaurancito que siempre encontré desierto, y él pagaba mes a mes un pequeño espacio publicitario. Un día vendió el restaurant y no supe ya de él, y cuando abrió el Yaqui y vine a ver qué tal me lo encontré cara a cara cuando abría la puerta. Siempre me llamó « El Regio » y siempre le corregí, explicándole la diferencia, que yo soy « regiomontano » y no « regio ».
 
-          Ese Diego, ¿qué pasó güey, qué pedo ? –me espeta el Tepi a manera de saludo.
-          Acá nomás, turisteando por Villejuif…luego vi la puerta abierta acá y me metí a ver qué era, de fuera me pareció que era como un table dance.
-          Sí güey, ahorita…deja pongo la música y ayudo a don Jere a treparse a la barra y lo anuncio… « y un aplauso bonito para Don Jere que nos bailaaaa…¡¡¡aaaaaasí !!! »
-          No te burles güey, ¿sabes quién era don Jere ?
-          A huevo…siempre se la pasa contando las mismas chingaderas. Ahorita sepa que trae, llegó bien tempranito, como a las diez, y desde entonces anda ahi hablando solo y tomando cervezas, fácil va por la cuarta.
-          ¿Tan temprano ?
 
La puerta se abre y entra una familia de nativos, una pareja con un niño y una abuelita. El Tepi les indica una mesa y les indica que esperen un momento.
 
-          Oye güey, ¿no te habló nadie, para anular o avisar que venía ?
-          ¿De la raza ? No. Ah sí, Graciela que dijo que quería contigo y que ya no la castigaras, mano. Que nomás es de que le digas cuándo.
-          Mamón. Bueno mira, si quieres ocúpate de la mesa esa y en quince minutos si no viene nadie me traes un guacamole para comenzar. Y de pasada me traes una Pacífico.
-          ¿Y eso ?
-          ¿Qué ? ¿Ya me conseguiste mis Tecates ?
-          Bueno, una Pacífico.
 
El Tepi se va a chambear y yo hojeo el menú que me sé de memoria. La puerta se vuelve a abrir y aparece el Angel, que mira desconfiadamente al interior. Le levanto una mano para que me ubique.
 
-          Acá, güey.
-          Ah, miéchica, no te había visto.
 
El Angel se sienta frente a mí. Se le ve cansado. De seguro anda desvelado.
 
-          ¿Qué onda Angel ? ¿No sabes si van a venir los demás ?
-          Eh…Graciela no sé, la que puede saber es Alicia, que creo que no va a venir, y Philippe anda en España otra vez trabajando.
-          Bueno. Pues entre menos burros más olotes. Al menos no me dejaste solo.
-          Cómo crees…tengo un chorro de hambre. ¿Viste al Tepi ?
-          Sí, ahí anda, me debe traer una cerveza. ¿No te late un guacamole para comenzar?
-          ¿Eh? Orale.
 
El Tepi viene con las bebidas de la otra mesa y con mi cerveza. Saluda al Angel de volada, de paso nos deja unos totopos y una salsa roja casera en una salsera de barro cocido. Va a tomarles la orden a la familia y nos indica con los dedos que lo esperemos un poco. El Angel no anda muy parlanchín hoy. Otra vez anda en una de sus fases de silencio.
 
-          ¿Lo conoces ? – le digo, señalando con la mirada y el mentón a Don Jere, que nos da la espalda, acodado contra la barra. Desde aquí se diría que es una botella que tiene delante la que lo sostiene.
-          Es el cocinero, ¿no ?
-          No güey. A veces ayudaba, antes servía mesas, cuando antes del Tepi y antes de una chava que estuvo un rato antes del Tepi. Ese ruco es un refugiado político. Era un activista bien machín del PCM, el Partido Comunista Mexicano. Antes, cuando el restaurant recién abrió y que no venía casi nadie, a veces se sentaba en mi mesa y nos contaba a Hélène y a mí todas sus historias. Sabe un chingo, y una vez que comienza a hablar no lo callas, ni te deja comer. Una vez nos contó que de niño tenía un abuelito que tenía casi 100 años, y que le contaba que de chico él le tiraba piedras a los franceses que fueron a México con Maximiliano. ¿Te imaginas ? El conoció a un tipo que vivió la época de la intervención francesa.
-          Cabrón.
-          Y luego pues de joven vivió la efervescencia del gobierno de Cárdenas, y desde ahí parece que se volvió un fiero izquierdista, no las jaladas de ahora. Creo que publicó varios libros, o al menos eso dice, y era de los que estaban en las listas negras de los gobiernos priístas entre el 50 el 70. Lo metieron preso a Lecumberri en el 68 parece, y una vez me contó que a él y a otros presos políticos los presos comunes les metían madrizas con los policías ahi nomás mirando, y que Elena Garro, ¿sabes quién es ? pues Elena Garro iba a visitarlos los domingos ahi a la prisión y pidiendo que los liberaran.
-          ¿Y cómo llegó acá ?
-          Según esto lo tuvieron guardado hasta el 71, y luego salió con una amnistía, pero no me quedó claro si lo expulsaron o le dieron a entender que si quería seguir vivo mejor se fuera…no, espérame, creo que le sacaron dos sustos y lo amenazaban por teléfono. Así que un día agarró sus cosas y se vino para acá, y es oficialmente un refugiado político, con pensión y todo. Le mencionas al gobierno, a los curas de Guanajuato, a Cárdenas o la política nacional y no lo paras.
-          ¿Y ya no regresó?
-          No quiere. Dice que para qué. Creo que tiene dos hermanas ruquitas que le dicen que no sea menso, que regrese a morirse allá, pero este don Jere es bien terco y acá que queda. Qué vida.
 
Angel marca un silencio y mira a don Jere que ahora está casi recostado sobre la barra.
 
-          Una vida de héroe. ¿No ves ? – me dice.
-          Puta, pues si así terminan, yo paso.
-          No seas pendejo. Míralo, es un tipo común. Y ese que ves le metió miedo al gobierno de México. El y otros como él. De esos que no se callan, que no sueltan el pedazo, que andan ahí dando guerra con sus pinches verdades. Y mira que tu gobierno en los 70 muy lejos no andaba muy tolerante con los opositores. Estaban casi igual que en Centroamérica.
-          Tu jefa, güey. Igual, ¿de qué le sirvió ? Ni se pudo cambiar nada, ni cambió México, y le chingaron la vida. Se tuvo que ir y perderse aquí mientras el PRI se la llevó tranquila otros treinta años. Perdió, él y su racita. Y ahora míralo, babeando la barra bien pedote, o fastidiando comensales, hablándoles de una Ciudad de México que ya ni conoce, una vez lo vi hablando con un estudiante chilango y este Don Jere le hablaba del Toreo, que estaba afuera de la ciudad, sin calles pavimentadas. Y para el estudiante El Toreo está hoy enclavado en el DF y no es el ranchillo que conserva Don Jere en su mente. Así se la pasó Don Jere hablándole de bares, de pueblitos, de barrios que ya ni existen, y el chilango estaba todo desconcertado porque parecía que hablaban de ciudades diferentes. Ahora está bien fuera de la realidad.
-          Tal vez por eso se queda aquí.
-          Pinche vida, ¿no ?
 
El Tepi regresa finalmente a pedirnos la orden, le pedimos el guacamole y de paso unos mixiotes que se anuncian sabrosos.
 
-          Cual pinche vida – continúa Angel, cuando el Tepi se da media vuelta. Te aseguro que duerme más tranquilo que los que se agacharon. Y te apuesto que si le preguntas, te va a decir que no se arrepiente de nada. Qué a toda madre, vivir de acuerdo a sus ideales.
-          ¿Aunque te amenacen y todo ? Yo una vez que me empedé con el Embajador ante la Unesco empezamos a hablar de política y de otras cosas. Le hablé de mi tesis de maestría y del futuro negro que le veía a México, económicamente hablando, exponiéndole con detalle el porqué. El tipo me miraba como quien descubre el mundo. O será que ya andaba pedo. Y recuerdo que me preguntó porqué no me regresaba a México con todo eso y me metía a la política, a militar por cambiar las cosas que no me gustaban.
-          ¿Y tú que le dijiste ?
-          Le dije que la verdad, que tenía miedo de que un día me amenazaran o me mataran así nomás, por andar diciendo verdades. Así van terminando los dirigentes sindicales honestos, los líderes campesinos y los defensores de los derechos del hombre en nuestros países. ¿Y sabes qué me respondió ? No me dijo que eso no era cierto, ni que era un cuento de la oposición, solo me dijo « mira, en México todo mundo sabe quienes son los que matan, mientras no te metas con ellos, tú estás tranquilo ».
-          Ay güey.
-          Exacto. Se me hizo chiquito.
-          Esa no me la habías contado.
-          Pues ya ves. Yo creo que igual le pasó a don Jere. Y no creo tener los huevos que tiene ese señor.
-          No tienes los huevos de ese señor porque no los pediste, tú pediste un guacamole, orale – mete la cuchara el Tepi, poniendo ante nosotros los platos y las tortillas. Puta, qué bien. Ahora sí, se me alegró el domingo.
-          No estoy hablando de los de al lado buey, estaba hablando de Don Jere – contesto.
-          ¿Y pa qué quieres tener los huevos de Don Jere ? Ya ni han de servir, ahí todos telarañosos.
-          Yo preferiría llegar a viejo con unos así y estar orgulloso del paquete que forman, y no llegar a viejo con un par de huevos tibios y chiquitos que nomás me alcanzaron para irla llevando, cerrando los ojos para no ver.
 
Sé muy bien lo que quiere decir el Angel. Cabrón, no me deja respuesta honrosa. Me limito a mirarlo y a asentir ligeramente, dando fin a la conversación, y a hacerme un taco. Qué fácil se dice eso de luchar por sus causas. Pero yo me pasé a lo de tomar riesgos calculados. Y luego a lo de mejor no me arriesgo porque ya calculé lo peor que me puede pasar. Puro hocico me volví, y luego ni eso. Por allá don Jere comienza a roncar, recostado contra la barra. Igual llegó mal que bien a los 80 años, ¿no ?
Par Jorge Romaneste
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:34
Mauro.
(Domingo noche, después de Yaqui ( ?) abuelo sale por refuerzos, o deja antes el Yaqui)
 
Va para la una de la mañana y el abuelo que no aparece, sé que se sabe cuidar solo pero uno nunca sabe. Igual ya es bastante ruco y Asnières será muy Asnières, pero en cuestión de seguridad, la una de la mañana es la una de la mañana en todo el mundo. Además sepa adónde se fue a meter el abuelo. Por toda explicación me dejó este post-it al lado del teléfono, « Voy por refuerzos », dice su pinche nota rascuache, pero con bonita letra, lo que sea de cada quién, de esa que ya no se hace excepto por estas latitudes, la letra manuscrita, pegada o como se llame. A mí siempre me costó un huevo escribir de esta forma, se me hace mucho más tardado que escribir con letra script, o de imprenta, o de imprimería como diría Alicia.
 
Pero vamos, ¿dónde puede andar el abuelo a estas horas, sin hablar francés, a la una de la mañana, y en horas en las que los transportes públicos dejan de funcionar ? Nada vale, mañana es lunes, a las 9 tengo que estar a más tardar en La Défense, si este buey no se aparece en una hora ¿a dónde llamo ? ¿a la policía ? pinche abuelo, qué huevos de salirse así…
 
El ruido del interfono me sobresalta. Ahí estás, pinche abuelo. A la otra lo encierro en el baño al cabrón. Voy al interfono y lo levanto.
 
-          ¿Sí ? – digo, por si las dudas.
-          Buenas noches, disculpe la molestia, ¿es usted Diego ? – me dice una voz joven, desconocida, del otro lado. Al fondo se oyen quejidos o forcejeos, no sé bien.
 
En la madre, el abuelo, algo le pasó, pienso, en segundos. Para inventar tragedias el cerebro es bueno, en fracciones de segundo se hace unas novelas bien terribles.
 
-          ¿Hola ? - vuelve a decir la voz.
-          ¿Eh ? Ah perdón, sí soy yo…- acierto a decir.
-          Mire, abra por favor, aquí traigo a su abuelito…- continúa la voz, un poco cansada.
 
Es una trampa, estoy por pensar, al abuelo lo secuestraron y le abrieron la cartera y dieron con mis datos y el interfono, y ahora están esperando a que abra para asaltar la pinche casa. No mames, ¿porqué a mí?
 
-          Abrenos Diego – sigo escuchando por el interfono, la voz es la del abuelo, un poco más lejos – ábrele, con una chingada…
-          ¿Abuelo ? – digo, ya sintiéndome un poco pendejo con el auricular del interfono en la mano - ¿estás bien ? ¿qué coños pasa ?
-          Abre ya, no pasa nada, si quieres asómate a la ventana, no pasa nada, pero abre la pinche puerta…
-          ¿Y tus llaves ? – pregunto, por si las dudas.
-          Las perdí en la pelea, andale, nos vas a abrir, ¿sí o no ? – se encabrona el abuelo.
 
Abro la puerta y escucho el ruido del ascensor. ¿Qué pelea ?
 
Segundos después, hace su aparición triunfal el abuelo, con su impermeable todo enlodado, su camisa rasguñada, sin botones, con algo le arrancaron algunas tiritas de tela, con rasguños en el pecho expuesto y en la cara, y una como bolita en la frente que comienza a ponerse morada. Qué jodido. El que lo viene medio cargando, termina de completar el cuadro : Un travesti, visiblemente latinoamericano, de esos que abundan y que son leyenda en los bosquecillos de las regiones circunvecinas.
 
Chinga, hace cuanto que no decía esto, « circunvecinas ». ¿Qué palabra usaba para sustituirla ?
 
-          Qué madriza – digo por decir algo, para desdramatizar, mientras le ayudo a quitarse el impermeable, le quito los zapatos y medio lo siento en el sofá. Pero el abuelo en un último alarde de orgullo, hace ademán de soltarse de mi brazo y de acomodarse solito en el sofá. Su acompañante se queda de pie, visiblemente sin saber bien qué hacer.
-          ¿Llamamos a un doctor ? – dice por fin el otro.
-          Nada, qué doctor, si apenas fue una revolcada, unos golpecitos. Ando fuera de forma, en Estados Unidos dos veces quisieron asaltarme, una con pistola y ahí ni modo, pero la otra a mano limpia, y a mano limpia me los despaché a los dos. Mejor sácate el tequila, Diego.
-          ¿Tequila, a la una y pelos de la mañana ? – objeto, sin razón.
-          Tequila para mí y aquí para mi amigo que me echó una mano, -dice el abuelo, señalando solemnemente al tipo en cuestión – Diego, te presento a Mauro, nuestro refuerzo.
 
El aludido me mira con una sonrisa medio tímida y acierta a decir « holamuchogusto ».
 
Lo miro bien. Así maquillado, le doy unos treinta y dos, treinta y cuatro años. Uno setenta y cinco o setenta y siete, ya sin esas botas y esos tacones, cara de latinazo, nariz fina, rasgos mestizos, pelo largo y negro, espero que esas buenas chichis que se adivinan bajo su blusa sean falsas, y los brazos, eso sí, de machín. Dibujaditos los músculos, medio anchas las espaldas, me cae que a madrazos fácil me arrima una chinga. También le metieron un buen chingazo en la mejilla.
 
Nunca había hablado con un travesti, así vestido. No finjo naturalidad, en la cara se me debe ver la expresión de incomodidad, mezcla de la hora, de la madriza del abuelo y de los supuestos refuerzos de éste. Y ahora heme aquí sacando los restos del Herradura de ayer y servir tres vasos. Mientras tanto, Mauro fue al baño, regresó con una toalla mojada y se la pasó al abuelo, que se restrega la cara y se limpia los rasguños y el lodo con ella. La verdad es que le sacaron la mugre bien bonito, pobre abuelo.
 
Yo no puedo sacarle los ojos de encima al otro tipo. Pinches bíceps del bato, la verdad que mis respetos, está trabado el güey. Mejor levanto mi vaso en dirección a los heridos, que hacen lo mismo, para concentrarme en otra cosa y evitar los malos pensamientos, no vaya a ser la de malas.
 
Los vasos se posan vacíos sobre la mesa de centro. El abuelo suspira, aliviado. Sonríe gozoso.
 
-          Bueno, ahora sí, a ver, cuénteme qué le pasó abuelo. ¿Porqué se salió así, sin decir adónde va ? ¿ya ve cómo lo dejaron ? – le pregunto.
-          Pos, pos…fui por refuerzos – comienza el abuelo – pero pues no sabía dónde encontrarlos, entonces me salí a caminar a ver si me guiaba mi buena estrella. Entonces agarré la avenida esa de atrás, la de « Argenteuíl »…
-          Argenteuil – corrijo.
-          Pues esa, la de « Argenteuíl », y me dije, « por aquí debe de haber bares donde conspiran anarquistas españoles, exiliados latinos de antes o algo » y me fui asomando por los cafés y restaurancitos abiertos, pero nada, había puros árabes y negros y unos con barbita y todo, vestidos con bata, hablando en sepa qué chingado idioma. Y así me fui, camina y camina, siempre por la avenida, hasta que llegué ahí adonde termina, y agarré la calle de la estación del tren.
-          Pinche abuelo, ¿pues a qué hora saliste ?
-          Como a las nueve, han de haber sido las diez y media u once cuando llegué por allá. Claro que me fui parando por el camino, para ver. Pero nada. Y entonces llegué a la Puerta de Asnières, y ahí de puro chile me encontré a éste cuando ya estaba resignado a regresar sin nada, se me quedó viendo, sepa qué chingados me dijo en francés, la verdad yo pensé que era puta, entonces yo le dije « ¿sabes qué ? no te entiendo ni madres, y ya viéndote bien se me hace que estás muy ojón para paloma » porque esa voz no era de puta, sino de macho. Y ahí me dijo « Ah, ¿español ? » y ya ves, nos fuimos a platicar a un café por ahí cerca de la Puerta de Asnières.
-          ¿Colombia, Ecuador ? – me limito a preguntar en dirección de Mauro.
-          Colombia – me confirma el aludido.
-          Orale pues. Mira camarada –digo yo, porque siento los ojos bien abiertos – de una vez, disculpa si te miro raro, pero compréndeme, no estoy acostumbrado a ver tipos con botas de tacón alto acá en mi casa.
-          Ya, vos no te preocupes – me dice Mauro, con ese acento colombianazo – es nomás la ropa del trabajo, estoy acostumbrado
-          Bueno, bueno, esos son detalles – interviene el abuelo – lo bueno es que no me equivoqué y mi buena estrella me brilló. Aquí Mauro está interesado en echarnos una mano en el combate contra el Reverendo Huevo. Yo estoy seguro que puede ser un elemento brillante del 11 de Julio.
-          ¿ Leíste a Cortázar ? – le pregunto a Mauro.
 
Por toda respuesta Mauro se rasca la cabeza y me mira con una sonrisa congelada.
 
-          Disculpa abuelo, - digo, poniéndome de pie y tratando de explicarme claramente - pero me van a tener que explicar más despacito esto. Hablemos claro : Tú te apareces a casi las dos de la mañana, todo golpeado y con un travesti, con perdón, que te encontraste trabajando en la Puerta de Asnières. Lo primero que supongo es, inciso a, que te saliste a coger por ahí, que la puta te asaltó y te golpeó y que aquí Mauro, si se llama Mauro, se compadeció de ti y te trajo hasta la casa ; inciso b, que te saliste a coger por ahí, que te gustan los hombres y que te encontraste a Mauro, y que ahora lo quieres meter a huevo a la casa, lo que de paso explicaría la nebulosa que existe sobre las razones por las que te divorciaste de la abuela ; inciso c, que Mauro fue la primera persona que te encontraste que hablaba español y nadamás por eso ahora lo quieres meter al 11 de Julio. Lo único que falta en b y c es explicar las madrizas, pero eso puede explicarse si fueron a meterse a un café de integristas religiosos de cualquier pinche confesión.
 
Mauro y el abuelo me escuchan en silencio, casi sin inmutarse, apenas revisándose un poco las lesiones corporales.
 
- ¿ Y bien ? –digo, para terminar – o me cuentan la historia completa o se van a dormir, o a seguirla, yo no sé, hagan su desmadre, yo mañana me levanto temprano y ya hasta un tequila me tomé con ustedes, chingado.
 
Por toda respuesta, el abuelo y Mauro intercambian una mirada. Es el abuelo el que después de tocarse su chichón, me mira y me pregunta.
 
-          Diego, ¿qué hacías tú en 1985 ? ¿dónde estabas el 6 de noviembre del 85 ?
 
Sepa qué se trae el abuelo, pero le pienso un poco.
 
-          Yo que sé…fue despuecito del terremoto y de la muerte de Italo Calvino…debo de haber estado en la secundaria, en primero de secundaria pelándomela con inglés I y polinomios en clase de mate. Y pensando de seguro en el sorteo del mundial del 86, que si mal no recuerdo fue en diciembre de ese año. Y Colombia no estuvo, por cierto. De hecho si hicimos el mundial fue porque ellos se rajaron.
-          Bueno. ¿Sabes qué hacía Mauro ese día preciso ?
-          Ni idea. ¿ Echandose una cascarita con porterías de 5 pasos en un patio de Bogotá ?
-          No. Tomando el Palacio de Justicia de Colombia, metralleta a la mano. Tenía quince años.
-          No jodas. Mauro, ¿Eras del M-19? ¿En serio ?
 
Mauro asiente, silencioso. Y añade :
 
-          Hace mucho…mira si ahora paso del M-19 al 11-J…
 
Puta, un ex-guerrillero, y uno neta, del M-19. A toda madre. Siento que me brilla la cara. Por toda respuesta miro con todo mi cuerpo al abuelo, y le sonrío de buena ley.
 
-          Abuelo, mis respetos a tu pinche estrella.
 
El abuelo se apoya más tranquilo contra el respaldo del sofá y esgrime una sonrisa orgullosa. Pero de adolescente guerrillero a travelo parisino, pinche destino, otras historias padres para contar que debe tener este paisa.
 
-          ¿Y la madriza ? – digo, para poderme ir a dormir tranquilo.
-          Nada…unos tipos pesados en un café, que se metieron conmigo y con tu abuelo –dice Mauro, sin darle mucha importancia – de esos de extrema. Cuando andan en grupitos son muy machitos, pero cuando andan solos te piden que les patees el culo y quieren chupártela.
-          Como Hitler, parece – digo yo. Alguna vez leí que era masoquista el Adolfito.
-          Nos agarraron a cuatro contra dos, y uno traía navaja – precisa el abuelo – aunque la verdad con el que se metieron fue con él, yo me metí a defenderlo, pensé que me iban a respetar por la edad, pero cuando tiré los primeros golpes se les acabó el respeto.
-          ¿Y nadie les ayudó ? – pregunto.
-          Sí, pero una vez que los tipos ya se habían calmado y habían corrido –explica Mauro- y bueno, mejor nos fuimos nosotros también, que yo no quiero vainas con la policía, y nos vinimos en un taxi hasta aquí, y luego vos nos abriste.
-          Vaya. –digo. Miro el reloj y pienso que mañana es lunes. Ya estuvo que no voy a dormir.
 
Mauro también mira su reloj y se muerde el labio inferior.
 
-          Qué tarde es. Será mejor que me regrese – dice lentamente Mauro, retrocediendo lentamente hasta la puerta.
-           Bueno carnal, no te quitamos más tu tiempo, gracias por todo. Estás en tu casa. No sé si vives lejos o adónde vas, o si quieres quedarte a dormir, como quieras, ya sabes, acá tienes tu casa. Luego hablamos del 11 de Julio, pero no es gran cosa, ya lo verás tú – le digo a Mauro, bostezando.
-          Yo me voy yendo, no vivo lejos, otro día paso, sin todo esto –nos dice, señalando su vestimenta – chau Diego, encantado, chau don Olimpo, hasta luego.
-          Chau.
-          Chau, Mauro, y gracias por la ayuda –le dice el abuelo.
 
Le abro la puerta y Mauro desaparece tras ella. Qué tipo. Me contengo para no revisarle el culo, pero también, qué pantaloncitos se carga el tipo. Cuando se cierra la puerta, enfrento al abuelo.
 
-          ¿”Don Olimpo” ? – le pregunto.
-          Bueno –se sonríe incómodo el abuelo – uno nunca sabe…
-          No mames abuelo, - trato de que reflexione -¿de dónde te sacaste a un travesti guerrillero? ¿no nos irá a meter en problemas ?
-          No creas…no es un exaltado, más exaltado se me hace Angel, este se ve un tipo tranquilo, buena gente…y creo que tiene cosas que le hacen falta al 11 de Julio.
-          ¿Como qué, abue ? ¿tetas ?
-          Como convicciones firmes, como huevos, experiencia, ganas de pasar al acto, como conciencia de haber vivido en letargo mucho tiempo y ganas de recuperar el tiempo perdido. Y sobretodo, parece que es un erudito en cosas religiosas. Creo que en sus tiempos de joven siguió un poco la teología de la liberación.
-          Ah, su pinche madre – sonrío sorprendido – ahora sí ya tenemos conqué ponernos al brinco con el Reverendo Huevo. ¿Y tú cómo sabes todo eso ?
-          Me costó dos cervezas platicadas y 40 euros por el tiempo que le tomé, y eso antes de la madriza –responde el abuelo, sobándose de nuevo el chichón – pero creo que valió la pena.
-          ¿ Y no tendrá más amigos travelos ex-guerrilleros que nos quieran echar una mano ? – le digo con sorna, mientras enfilo al cuarto de baño a lavarme los dientes.
-          ¿Qué significa eso de que nos quieran echar una mano ?.
-          Pinche abuelo. Cómo eres. ¿En serio los hombres, acá, no te laten ?
-          Si no fuera tu abuelo, te diría que puto, tu abuelo – responde muy digno el abuelete, después de pensar un poco.
-          Menos mal. Oye, y sus tetas, ¿serán falsas ? –le pregunto, con auténtica curiosidad.
-          Ni sé. De lejos yo pensé que era una puta, te juro que si no habla no hubiera sabido que es un machito.
-          ¿Cómo crees que reaccionen los demás cuando vean a Mauro?.
 
El abuelo me mira, asiente en silencio y finalmente se alza de hombros.
 
-          Ahí sí no sé – termina por decir.
 
Yo, la verdad, tampoco. Cuestión de ir al Yaqui.
Par Jorge Romaneste - Publié dans : pasajes abuelescos
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:30
 
Slogans
 
Abro la puerta y el abuelete no está. O al menos no se oye. Le doy una rápida vueltecita al depa para cerciorarme del hecho, ni en el baño, ni en la cocina, nada. Entonces regreso a la mesa, deshago mi bolsa de compras y saco las cartulinas, los marcadores gruesos, la cinta adhesiva y mi lista de frases.
 
Voy a buscar las tijeras, y me pongo a cortar rótulos razonablemente grandes para poder escribir a gusto y poder ver lo que voy a escribir desde lejos. De nada vale pegar cartulinas en los muros si no es visible, a fin de cuentas. Yo hubiera hecho grafittis, pero en los muros de un depa que uno renta es firmar su sentencia de muerte,
 
Saco un gran rotulador negro y comienzo a escribir mis mensajes y slóganes, los claros y los que están en clave para despistar al enemigo :
 
¡Chinguesumadre !
Viento de libertad, sangre combativa.
¿Qué nos dirán por no pensar lo mismo, ahora que no existe el comunismo ?
¡A huevo y adelante !
Por aquí se van a venir todos !
 Duro, que nos dure dura.
 
Me estoy quedando corto de ideas cuando se aparece el abuelo en la puerta, con varias bolsas de supermercado y chorreando agua que da pena.
 
-          Triste Impo, me cae, ya deberías de haberte comprado un impermeable o de perdido salir con paraguas.
 
Por lo visto la lluvia lo emputa tanto como a mí, porque se limita a dejar caer las bolsas en el piso de la cocina, a guardar algunas cosas en el refri y como quien no quiere la cosa se pone a ver lo que estoy haciendo. Me siento medio ridículo y me caga que miren sobre mi hombro, así que instintivamente cubro con el cuerpo mis fragmentos de cartulinas.
 
-          ¿Estás haciendo la tarea o qué ?
-          Eehhh, andele, una tarea moral.
 
A cosas pendejas, sobrenombres dignos.
 
-          ¿Nomás tenemos una qué ? ¿una madre ? ¿una cerveza ? ¿una vida ?
-          Una vida en general. Nosotros, una cerveza en el refri también.
-          No te apures, acabo de comprar un six.
-          Qué bueno. Es usté una riata cuando quiere, abuelete.
-           
Espero que no se me note el estupor, pero el abuelete sigue mirando lo que está sobre la mesa.
 
-          ¿Y se puede saber qué piensas hacer con todo esto ?
-          Jugar a la guerra, abuelete sicofante.
-          Sofocante tu departamento, está bueno que afuera llueva pero aquí huele a encerrado, aunque sea ábrele tantito a una ventana. ¿ guerra contra quién ?
-          Todavía no sé, contra este desmadre, contra los gringos y otros ojetes, contra los cabrones, contra los pendejos, contra los mamones, cosas así.
-          Solo contra el mundo, pues. Esta está padre : « Viento de libertad, sangre combativa ».
-          Oiga, ¿ustéd nunca tuvo lemas así, simplificadores universales que resumieran razonamientos más complejos, gritos de guerra o razones de ser ?
 
El Impo se pone a ver todos los lemas con detenimiento. Finalmente retiene uno y lo separa del resto.
 
-          Este.
 
Es el que dice « ¡Chinguesumadre ! »
 
-          No me joda. ¿Una canción o algo ?
-          ¿de protesta ?
-          Eventualmente, sí.
 
El abuelo se rasca la cabeza. Por lo visto está pensando en serio.
 
-          No me acuerdo. Estaba yo muy chiquito. Eso que estás oyendo ¿es de protesta ?
-          Poquito. Eran unos tiranetas, de vez en cuando se aventaban baladas medio fresas, pero cuando Pinochet eran cabrones. Son unos tipos que se llaman Los Prisioneros.
-          ¿Y no tienes otro ? Tengo la impresión que hace dos o tres días nomás escuchamos esa cinta.
-          Y lo que falta. De una vez te los presento, para que comprendas lo que me ronda por la cabeza : Esos son los Prisioneros, luego viene otro de Soda Stéreo y al final una rola de Leon Gieco que forma parte de los nuevos himnos de este depa, y el CD que puedes ver ahí es de Victor Jara pero no me gustó mucho.
 
Explico : Lo que pasó es que me puse a releer diagonalmente los Galeanos y Benedettis que tengo, para redocumentar la música de sus guerras. De mi pesquisa salieron Victor Jara, Los Olimareños, Mercedes Sosa y un tal Troilo. Resultado : Después de bajar de Internet concienzuda e ilegalmente algunas canciones de los susodichos, declaro que de plano sus berridos no pueden inspirar los míos, producto que soy de otra época, de otras latitudes y de otras realidades. Pero igual en Virgin me encontré en oferta uno de Victor Jara y otro de Mercedes Sosa, sendos discos que pasaron una vez por mi equipo y a excepción de algunos títulos clásicos-que-debería-conocer-por-ser-latinomaricano-y-medianamente-de-izquierdas, el resto no me convence mucho. Aparte de que debe dar mucho tono cantar con rucos refugiados « Te recuerdo Amanda ».
 
El abuelete hace una búsqueda en su cerebro a partir de las palabras « Victor » y « Jara » y no obtiene ningún resultado satisfactorio. Por lo visto este ruco no fue un joven revolucionario setentero. Más de una generación nos separa.
 
-          Eh, Impo.
-          ¿Mmh ?
-          ¿Te sabes La Internacional ?
 
Estoy casi seguro que me va a decir que no, pero para mi sorpresa entona « Arriba, parias de la Tierra ».
 
-          ¿y qué sigue ?
-          No sé.
-          Pero eso es más de tu época, ¿no ?
-          Sí, pero yo vivía en Estados Unidos, por esas épocas me fui.
-          ¿Cuales épocas ? Si la Internacional no fue una canción de verano en la playa, mamón.
-          ¿ Y tú cómo te la sabes ?
-          La verdad no me la sé completa. En español, quiero decir. Mi generación nunca la supo. Yo la vine escuchando por primera vez aquí, y de los de mi edad, el que no se la sabe de perdido te la chifla. No me dirás que es un país muy izquierdoso.
-         
 
Me le quedo viendo, ligeramente decepcionado. La verdad hubiera deseado tener un abuelete que se fue del país por actividades políticas subversivas, otro don Jere, pero este güey se fue sepa porqué carajos, dejando a mi abuela con dos niños casi recién nacidos. Finalmente es un viejito cabrón.
 
-          Me imagino que esperabas que sacara una nota más alta en este examen.
-          Me leíste el pensamiento…es que no entiendo…te caen mal los gringos, quieres tener una vida novelesca, decapitas gringos y te cagan los fast-food…pero al mismo tiempo no puedo encontrar algo de cultura política o idealismo que esté detrás de tus guerritas personales.
-          Sentido común. O puro aburrimiento. La hueva ambiente, como dices tú.
-          Y las dictaduras latinoamericanas, los golpes de estado pro-gringos, Dan Mitrione, Videla, Pinochet, Granada, Stroessner, los Peace Corps, la Alianza para el Progreso, la CIA, Bolivia, Nicaragua ? si recuerdo bien, hasta el 80 vivías en gringolandia, ¿no ?
-          Cuando Granada creo que ya no vivía ahí. Yo me fui cuando Carter. Me acuerdo de Vietnam.
-          Pues ahí, los Black Panters, Weather Underground, de perdida los hippies.¿te interesabas en todo eso o no? ¿Leías el periódico? Uno de a deveras, se entiende.
-          La verdad, tenía cosas mucho más importantes de qué preocuparme.
 
Estoy a punto de gritarle su slogan cuando corrige el tiro.
 
-          Quiero decir, no más importantes, pero comprende, estaba tratando de ganarme la vida, trabajaba como un animal entre 10 y 15 horas al día, compartiendo un depa chiquitito con otros 2 inmigrantes, algún tiempo como ilegal, después sobreviviendo, solo al final pude ir tirando.
 
Me quedo pensando. Quizá hoy por eso hay tanta hueva ambiente. Antes se vivía, según la Onu, menos mal. Ahora los que viven mal están tan jodidos y sus vecinos igual o peor, que se preocupan por salvarse ellos, sálvese el que pueda, el artículo 14 de la Constitución del Congo, el famoso « debrouillez-vous, vous êtes chez vous », el sistema « D », en fin, como individuo y no como grupo. Había una pirámide, de Peters o Nichols u otro baboso, de satisfacciones básicas que deben ser satisfechas para poder acceder a preocupaciones más complejas. Algo así me sorrajaron en un curso de sociología.
 
Le planteo esto de la pirámide al abuelo, que opina que no está tan mal como explica/justificación.
 
-          Bueno. Y ahora que tienes todas tus necesidades básicas satisfechas y que hasta tienes tiempo de tomarle fotos a gringos pendejos en diversas capitales europeas, ¿te interesa todo eso ?
-          Cuando llegué a España comencé a rehacer el tiempo perdido. Siempre seguí todo eso de lejos, pensabas un día y olvidabas al otro. Luego te construyes razonamientos, me puse a leer otra vez, yo leía mucho cuando vivía en México.
-          ¿Como « La Gran Transformación » ?
-          Como ese y otros.
-          Y de todo eso, ¿no tienes frases célebres o pensamientos que te sirvan de inspiración para tu lucha y que me puedan servir ?
 
El abuelete piensa un poco antes de contestar. Se dirige a mi bliblioteca/su cuarto y regresa con un libro.
 
-          Es un clásico, de un francés, pero ahí puedes encontrar algunas ideas que subrayé.
 
El libro es una edición española de los Pensamientos, de Pascal. Hélène lo tiene en francés, si no se lo llevó debe estar todavía por ahí. Yo comencé a leerlo pero me aburrió. Voy a ver qué encuentro de interés, ahora que sé que este ruquito lo leyó todo no me voy a dejar derrotar por el libraco en cuestión, uno tiene su orgullo militante.
 
Tres cuartos de hora más tarde, tengo algunas frases que voy a destilar y digerir un poco. Ya luego chance y las escriba en más simple y las discuta con Juan Diez o con Angel, o me algo el cultito y se las cito a la Graciela. Por lo pronto, termino de convencerme que pegar pedazos de cartulina en el depa es medio pendejo. Como que ya no es de mi edad. Es como pegar un poster del Che Guevara en el cuarto. En el cuarto a los 18 (y eso en otros tiempos de otras gentes) en la sala de la casa a los 25, en el baño a los 30, a la basura a los 35. Yo estoy en los 30, pero ¿qué se hace con estos slogans ?
 
El abuelo me da sin querer un esbozo de respuesta.
 
- Y todas estas frases, ¿cuándo piensas aplicarlas ?
Par Jorge Romaneste - Publié dans : pasajes abuelescos
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:25
AB 3 – Sabado después de JD2
 
« Lo que tiene nuestro destino de nuestro y de distinto es lo que tiene de parecido con nuestro propio recuerdo ».
 
Esa fracesita de Mallea me sigue dando vueltas en la cabeza, y cada vez le sigo encontrando más posibilidades. Veamos. Juan Dé tiene razón. Por el momento seguimos mas o menos el mismo camino que el Impo aquí presente. Más o menos nuestros recuerdos son los mismos, nuestros movimientos similares. Si a partir de ello vamos a cumplir el mismo destino, ya me llevó la chingada.
 
Por eso le propuse al abuelete acompañarlo a salir este sábado, igual me hubiera quedado en el depa oyendo música y releyendo revistas, y hace un rato que no me paseo con calma por París. Capaz que propone invitar el café o el restaurant, el cabrón.
 
Salimos del RER en Luxembourg, el ruquín quiere visitar el Panteón y darse una vuelta por el Jardín de Luxembourg. Por hoy hace un poco de calorcito y hay un buen solecito, hice bien en no quedarme rumiando en el depa. No me animo a abordar al abuelete, hace una semana que nos tratamos superficialmente, nos lanzamos fintas, pero sin más. Creo que el mejor día que hablamos fue cuando llegó, ya es decir.
 
Visitamos el Panteón intercambiando comentarios banales. Hacía bastante que no venía, yo lo dejo visitar la cripta mientras yo me paseo por el primer nivel, no me canso de ver los frescos en los muros. A la media hora sube, y después de darle otra vuelta al primer nivel, nos dirigimos a la salida.
 
Justo enfrente hay un grupo de gringos que viene en visita, todos de tenis-bermudas-gorra nike-y-sobrepeso. probablemente formen parte de un grupo mayor que anda rondando por ahí. Un par de ellos nos ve, y nos pregunta en inglés si podemos tomarles una foto delante del Panteón.
 
Antes de que yo diga nada el abuelo responde en inglés que por supuesto, que cómo que no, es todo sonrisas, recula un poco y toma la foto. Luego insiste para tomarles otra. Después de hacerlo, les devuelve la cámara y se despide con su perfecto inglés.
 
Se me ve que no estoy contento, pero el abuelo mantiene una sonrisa jovial, una que no le conocía.
 
-          ¿Qué ? ¿Tanto gusto te da tomarles fotos a gringos pendejos ?
-          Oh, forma parte de mi batalla personal.
-          ¿Contra qué ? ¿Contra la incivilidad o qué ?
-          No. Contra los gringos.
-          ¿A poco te caen mal ? Si hasta diría que casi se te cae la baba cuando les tomabas las fotos.
-          Espérate a que revelen el rollo. En la primera los decapité, en la segunda debe salir nomás mi dedo.
-          Ay sí.
-          En serio. Llevo mucho tiempo decapitando gringos. Es la ventaja de ser viejo. Pones tu cara bondadosa y vienen a pedirte que les saques una foto de lo más vulgar delante de un monumento. Los hay incluso que se suben a las estatuas o se ponen de perfil y miran el horizonte. Pendejadas. En aras de luchar contra la vulgaridad y la pendejez, los decapito o los desaparezco, aunque sea simbólicamente.
-          Me gusta eso… « contra la vulgaridad y la pendejez ». Creía que no decías muchas maldiciones.
-          No se te olvide que soy un adulto pero en más viejo.
-          Qué bueno que no vives en México. Teresa trataba a tu suegro Pacho como a un retrasado mental o un niño de preescolar. Poco más y se ofrecía a limpiarle la cola. A mi me daba pena por el hombre, que era cuando más joven de un carácter muy enérgico, según cuenta la abuela. Le hablaban y le razonaban como si fuera un imbécil.
-          Era.
-          ¿Imbécil ?
-          No, enérgico. Era medio obtuso pero vamos a decir que fue un producto de la época.
-          ¿Y cómo viviste tantos años en Estados Unidos si no te gustan los gringos ?
-          ¿ y tú como llevas viviendo casi 10 años en Francia si no te gustan los franceses ?
-          ¿ Y a ti quién te dijo que no me gustaban los franceses?
-          Nomás hay que oírte hablar. Apenas anteayer te lanzaste una perrorata contra los abuelos franceses.
-          Pinche abuelo metiche. Me gusta esa palabra, hacía mucho que no la oía, « perrorata ». Igual usted no debería andarse metiendo en conversaciones que no son suyas.
-          Como si hablaras tan quedito. Mira, vamos a sentarnos un poco a descansar.
 
Es cierto que no se ha sentado desde que salimos del metro, y que se chutó todo el Panteón. Llegamos a Luxembourg y nos sentamos en un par de sentonas libres alrededor de una de las fuentes. El solecito da bien padre, y apenas son las 11 y 30.
 
Chin, apenas me está cayendo el veinte.
 
-          Oye abuelete, imagino que escuchaste el resto de la conversación.
-          A ratos alzabas la voz, pero yo estaba leyendo. En un momento dado cerré la puerta y ya no oí nada.
-          Ah.
-         
-         
-          ¿Quién era ese con el que hablabas ?
-          Un carnal. A veces se descuelga para rehacer el mundo, cosas así.
-          Ah.
 
Ah, ah. No vamos a ir muy lejos así.
 
-          ¿ Y qué tal el Panteón ? –pregunto por decir algo.
-          Muy triste, pura gente muerta. Y lo gacho es que hay gente muerta ahí dentro que me suena a ilustres desconocidos. La gente va y se para ante los mausoleos de los más sonados, pero entre esa tumba y otra hay cinco o diez de conocidos un rato y olvidados para siempre después.
-          Gajes de superhéroe.
-         
-         
-          Quizá a ti te valga porque eres joven, pero yo no quiero morir así. Yo no voy a tardar en morirme y me fastidia pensar que estoy malviviendo para nada, simplemente porque hoy la gente vive más vieja y hay que aguantarse este tiempo de compensación tocando la pelota en lateral.
-          No sabía que tuvieras metáforas futboleras. Yo también a veces me aviento unas.
-          Quisiera vivir una vida de novela. Ahora sí. No tengo nada qué perder.
-          Si te sirve de consuelo, eso pensaba yo a los 20 años.
-          Y ahora estás malviviendo la tuya, como decías anteayer.
-          Ah, ¿eso también lo oíste?
-          Sí. Y por eso me pusiste a pensar.
-          Bueno, uno a uno y la pelota al centro. Pero tú aparte de decapitar gringos, ¿Tienes algo por qué luchar ?
-          No, eso es pa los jóvenes.
-          Ujule, si los vieras. Quizá soy joven desde tu perspectiva, pero rondo los treinta. A mi edad los ideales y ganas de vidas noveleras ya pasaron, me guste o no. Ahorita las luchas de los jóvenes se pasan ante la consola de moda y defendiendo la bandera gringa. El cerebro se apaga, la evasión está de moda. Y yo ¿porqué puedo luchar ? Ni siquiera por conservar mi empleo, ni para que me paguen las horas extras, si acaso firmar una petición para que no aumente el abono de transporte en julio, o para que pasen más fut en la tele. No me exijas mucho.
 
El abuelo deja de mirar el horizonte y me dedica una mirada de incredulidad.
 
-          Para eso me gustabas.
-          ¿Y usté qué ?, ahí mírese, con su mamada esa de las fotos, gastando pólvora en infiernitos.
-          Soy Cortazariano. ¿Nunca leíste el Libro de Manuel ?
-          Sabes que lo tengo, es uno de los que no releí. Error.
-          Algo es algo.
 
Silencio. Comenzamos bien, pero ya la plática va a estancarse. Tengo que hacer concesiones.
 
-          Lo que sea de cada quien, me gusta eso de decapitar gringos. ¿Llevas muchos ?
-          Uy…como unos 30 desde que llegué, y bastantes en España.
-          ¡Saco !
-          Lo que hago de vez en cuando es ir a los McDonalds. En la esquina hay uno, ven, si quieres te muestro.
-          No, ahí sí, paso sin ver. No quiero saber lo que hace ahí.
-          Darle asco a la gente, no tiene chiste. Vas y te quitas ostensiblemente la dentadura postiza, o toses como tuberculoso, escupo en el suelo ruidosamente. Finjo admirablemente bien. A veces hago como que me ahogo o como que tengo arcadas, te juro que la gente deja de comer hamburguesas en meses.
-          No, si me imagino. Un viejito al comer ya da asco, ahora haciendo cochinero en un McDonalds…
-          No creas que es tan fácil, a veces me viene el vómito de verdad.
-          Degueulasse !
-          Bueno, es vómito idealista.
-          Pase. O militante.
-          Eso.
-          En todo caso, pocas ganas me dan de invitarte a comer. Te invito al restau de unos cuates griegos, son buena onda…vieras las cochinadas que le sirven a los turistas…a mí no, porque soy raza. Se carnean a toda madre a los gringos.
-          Venga pues. ¿Vamos en metro o a pié ?
-          A pie, están en el barrio latino.
 
Mientras nos levantamos, sé perfectamente que no hice la pregunta que me está rondando la cabeza. Probablemente él también la estaba esperando. O es todavía temprano para ver si su historia va a repetirse en mí. No me imagino a este tipo coacheando mi vida de desorientado…
 
 
Par Jorge Romaneste - Publié dans : pasajes abuelescos
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:14
Tepistoria (después de salida1)
 
(en un café en el boulevard St. Germain, no lejos del Souvlaki)
 
…yo no fui a la universidad, ni vine acá para hacerme pendejo aunque parezca, ni tuve que trabajar en la Unesco para darme cuenta de lo pinche de su sistema que traen p’arriba y p’abajo. Nosotros, o sea mi papá y yo somos de Zacatecas, mi jefecita es de un pueblito de ahí de la sierra de Durango, y cuando la primera crisis o por allí, ¿cuándo fue ? en el 83 ; en el 83 a mis jefes los corrieron del trabajo en una fábrica textil que cerró, y nos vinimos, acá, bueno, allá al DF a casa de una tía hermana de mi mamá que vendía ropa en el mercadillo de Tepito.
-          Ahhh…y de ahí salió lo de ‘Tepi’
-          Serás lento Chava…
-          Y lo que ustedes creen que es Tepito, eso de que ahí nomás hay boxeadores y gimnasios y vendedores ambulantes son puras mamadas. Eso es de las películas. O al menos así fue hace mucho. Mis papas y yo ya no conocimos eso, nosotros vimos de adentro, mi tía nos ayudó para que pudiéramos abrir un puestecito para vender algo, primero le estuvimos ayudando a vender mi mamá y yo, luego nos arregló con un caciquillo que controlaba una zona de puesteros para que nos diera chance de poner nuestro tingladito. Mi papá comenzó de auxiliar en un taller textil de los que había por ahí. Y ahí es precisamente donde se ven todas las tranzas de las que ustedes hablan pero que en su puta vida han visto : Los policías que pasan sonrientes a que les den su ‘moche’, a robarte un pantalón o una botella de Chivas, a comer gratis, a meter al bote y a confiscarle la mercancía a los que no dan su « comisión »…
-          Sergio Ramírez en acción.
-          ¿Quién es ese, tú ?
-          Es un chilango que escribió sobre Tepito, pero de la versión soft.
-          Pues sepa, ¿qué, otras ?
-          Sale, pero después nos vamos a cenar porque tengo el estómago vacío y me voy a volver a empedar.
 
El Tepi levanta la mano, y con el índice le señala al mesero los vasos vacíos, y con otro movimiento circular que abarca la mesa señala otra ronda de lo mismo.
 
-          y las mamaditas de ustedes de la Unesco no tienen nada qué ver con la cabrona realidad. Ustedes no vivieron el terremoto del 85 cabrones, no vieron caerse vecindades, arreglárselas en un cuartito todo cuarteado con 15 personas, entre mi tía, mis primos y nosotros, más unos chamaquitos de unas casitas que se cayeron, sin luz, ni agua ni nada. Ustedes cuando el terremoto nomás quisieron saber si no se iba a suspender el mundial del 86.
-          Bájale, esos fueron los del bando enemigo.
-          El Salvador ni se calificó, qué me iba a preocupar yo por eso.
-          Naa, a ustedes ni ganas les quedaron después del 10-1 que les metió Hungría en el 82.
-          Sí, pero antes de esos 10 les ganamos a ustedes y por eso no fueron.
-          Pinche robo.
-          Sí, cada vez que pierden es un pinche robo.
-          Ese fue un pinche robo y de todos modos la de México en 82 era una selección pitera.
-          Ssht, ya cállense. A ver, sígale contando don Tepi.
-          Gracias don. Chale, merci. Ah, y l’addition, s’il vous plaît. Salud.
-          Salucita.
-          Salú
-          Aaahh. Qué ricas les salieron las cervezas. Bueno. Y ahí en Tepito entre la crisis y el terremoto a lo que no estaba jodido se lo llevó la jodida, los talleres textiles se fueron cerrando, ya nadie compraba nada. En esa época se puso buena la fayuca, toda la traían de Estados Unidos un chingo de fayuqueros, gente del gobierno, funcionarios y todo, y todos nos volvimos vendedores. Mi papá que se quedó sin trabajo se puso a tiempo completo a ayudarnos a mamá y a mí a vender, eso fue un negociazo…yo dejé la secundaria para ponerme a tiempo completo a vender en el puesto, con la fayuca se hacía mucha lana, no las miserias que ganaba mi jefe con las Creaciones Durán esas.
-          ¿Qué es eso de fayuca ? ¿Droga ?
-          Ah pinche abuelo tan inculto. Productos gringos, comida, ropa, todo lo gringo que se metía ilegalmente a México cuando nuestra frontera estaba supuestamente cerrada.
-          Cuando no estaba abierta de patas, como ahora.
-          Buena metáfora Chava.
-          ¿Va a durar mucho eso de Chava ?
-          Si sigues jodiendo sí. Ton’s qué Tepi, ¿te saliste de la secu ?
-          Me salí de la secu y nos salimos de anca mi tía, nos fuimos a vivir a unos condominios nuevos que construyeron ahí donde tumbaron unas vecindades que se medio cayeron cuando el terremoto. Hasta coche se compró mi jefe. Pero todo el barrio empezó a cambiar, se acabó por decirlo así el barrio, aparecieron los condominios esos, HLM’s como los de aquí.
-          Bájale. Se llaman ‘Unidades Habitacionales’
-          Eso. Se hizo mucha lana con todo el contrabando ese y al mismo tiempo se empezó a llenar de grupitos y de banditas de contrabandistas, y de a poco se fue poniendo brava la cosa. Los granaderos, los policías municipales, los judiciales, los de la DIPD, un chingo de grupos de policías que ustedes ni saben que existen, comenzaron a agarrar Tepito como su vaquita. Y todos pasaban a extorsionar a todos, y al que no daba, lo madreaban, o lo metían al bote, eran unos ojetes…mi papá se compró ahí mismo una pistola.
-          Ay güey.
-          Enfrentar a esos cabrones era imposible. Aquí ustedes muy salsas cambiando el azúcar por alka-seltzer en su puta Unesco para quesque amargarle el café a un embajador corrupto y puto, y se sienten muy vergas. Miéntenle la madre a un judicial que le agarra las nalgas a tu prima delante de tu tía, a ver si se atreven.
-         
-         
-          Prosiga, don Tepi.
-          Y entonces para poder pagar la mercancía y pagar el condominio y los gastos y comprar « seguridad » para que no nos llevara la chingada con la Judicial empezamos a necesitar más dinero. Una vez que no nos alcanzó a mi papá le robaron el coche, luego supimos que fue una banda de robacoches de allí mismo, de los mismos policías. Ahi comencé a hacerle a todo, a entrarle a todo, a robar carteras a compradores, a distribuir fayuca con mi diablito, a robarme uno que otro estéreo…a hacerle favorcitos a esos putos, porque o le entrabas o le entrabas, sino te chingaban a ti o a la familia.
-          ¿Y ustedes qué hacían ?
-          ¿Qué querías que hiciéramos pendejo ? ¿Qué fuéramos a la policía ? Si esa era la policía…
-          ¡ Vergas !
-          Y bien paradas, las culeras. Luego de ahí pa’lante fue la chinga : Se abrieron las fronteras con el Orejón de Salinas, tu puto paisano.
-          Ni madres, era chilango pero su familia era de Agualeguas, pinche rancho.
-          Total, se abrieron las fronteras y se cayó el negocio otra vez. Primero los talleres textiles. Luego la fayuca. Los pantalones que vendíamos los encontrabas más baratos en cualquier super, igual con las chacharitas, la comida, los dulces, las plumas y todo, se acabó el bisne. Otra vez empezamos a sobrevivirla. Y luego vino ese pedo.
 
El Tepi marca una pausa, conforme habla se le va subiendo el color a la cara, sin que sepamos si es el coraje, el recuerdo o las cervezas. Mira hacia afuera, atrae a la garganta una flema y escupe a la calle. Vuelve a respirar ruidosamente por la nariz.
 
El Tepi no habla, nosotros no nos animamos a hacerle seguir. Le comienzan a brillar los ojos pero no puede ser la cerveza, apenas van tres.
 
-          Esos putos – recomienza – los de la DIPD, muy prevención de la delincuencia, una vez que no nos alcanzó para pagarles la cuota, se montonearon a papá. Le dijeron que me iban a llevar a mí, que sabían que yo robaba estéreos y coches, que mejor cooperara, pero mi jefe no tenía dinero. Y le dijeron que no fuera pendejo, que le entrara con ellos a asaltar un banco, que se jalara a dos o tres amigos y que arriara, que ellos lo cubrían, que se lo iban a poner.
-          No mames.
-          En serio. Esos putos son los que roban bancos, todo mundo lo sabía en Tepito, si ahí iban los cabrones después de robar, ahí tenían su base, luego lo contaban bien chingoncitos en los puestos de comida. Y ni modo. Mi papá le entró una vez, luego otra tiempo después, cuando mi mamá lo supo se quería ir de Tepito, pero pues con qué ojos. Mi papá empezó a tomar, del puro susto, todo el día andaba temblando, y hasta que no estaba bien borracho no se le paraba la tembladera.
-          ¿ Y tú ?
-          Yo seguía con lo de los robos para mantener a mi familia, hasta que un día uno de los policías jefecillos me agarró del brazo y me dijo « deja esas chingaderas, te tengo otro negocito. Si quieres ayudar a tus papis, mejor ayúdame a darle salida a esto ». Y que saca un paquete así. Luego supe que era coca.
-          ¿Ahora droga ?
-          Ahora droga. Los que comenzaron a perder algo de lana con la fayuca comenzaron a vender coca. Y fueron un chingo. Y con la coca, las armas, esas que ustedes ven en la tele, todo el mundo las tiene ahorita en Tepis. Las 47 o cuerno de chivo, las Beretta, si pasan un detector de metales por la calle Tenochtitlán, se vuelve loco el aparato ese. Y eso antes de que se lo vuelen.
-          Puta madre, ¿vendiste droga, entonces ?
-          ¿Qué me quedaba ? Yo no quería ver a mi papá asaltando bancos y borracho, todo el día tirado en la casa. Se enfermó de los nervios y se la pasaba acostado. Y comencé a mover coca, esa circula fácil, la traen los mismos policías, los judiciales, y los fayuqueros. Y comencé a trabajar de 18.
-          ¿Cómo de dieciocho ?
-          De 18, de vigilante, güeyes. De cuidador de los judiciales que controlan el negocio. De ver quién entra y quién sale de Tepito. Qué caras nuevas andan por ahí husmeando que no deban estar…luego creció mucho eso, yo vendía ahí, y los carteles de droga se metieron a Tepis, los grandes, los meros chingones. Y a los judiciales se les hizo chiquito y comenzaron a jalar para los meros capos.
-          ¡Puta madre !
 
Hace rato que los vasos están vacíos, la cuenta ya está pagada, pero todos seguimos hipnotizados la historia del Tepi.
 
-          Todo mundo traía lana, y con las armas y la policía metida en la droga, ya ni quién se meta ahí a poner orden. Aquello es un pura mafia, todos saben todo pero ni quién pueda hacer nada, todo se vende y todo se encuentra en Tepito, desde los discos pirata y los perfumes de contrabando y toda la mercancía de don Robert…
-          ¿Y quién es Robert ?
-          Roberto Hurtado, así se dice la mercancía robada, la mercancía de don Robert…robar, hurtar, pendejos.
-          Eh, tampoco, sin ofender.
-          Todo eso vale madre. La onda es la droga. Ya nadie va a la escuela, cerraron los turnos de la tarde porque ya nadie iba, los chamaquitos de 10 años, en serio, de 10 y 11, le mueven la droga a los grandes, así de parvulitos comienzan, y se endrogan. Y para pagársela o la venden o roban, y tienes banditas de chamacos de 10, 12 años robando estéreos, coches, prostituyéndose, haciendo de todo para sacar unos pesos.
 
Nuestras miradas se desvían del Tepi para ver a un niño de unos 10 años de una mesa vecina que le anda haciendo una comedia a su mamá para que le cambien una crepa que ya no quiere por un helado.
 
El Tepi también lo ve y vuelve a escupir a la calle.
 
-          Y así está ahorita ese desmadre, los mafiosos y la policía controlan todo, de la droga a la mercancía robada que luego se vende en los puestecillos, la gente que ahí vive no dice nada, al que raje se lo empinan, a balazos los matan al que denuncie algo, y total, pa lo que sirve…
-          ¿Y por eso te saliste ?
-          Yo tenía un dinerillo de vender droga, me hice medio narquillo y me estaba yendo bien, hasta que un día hubo una bronca con otra banda por problemas de control de territorio, y una de esas bandas con las que yo jalaba, una banda que se llama El Saque, comenzó a comprar casas de mi sector para usarlas como depósito de coca…le compraron la casa a mi tía, le ofrecieron una billetiza y mi tía que ya ni salía a la calle del miedo a los balazos luego luego les vendió todo…comenzaron a meter paquetes y paquetes de coca cuando todavía mi tía y mi mamá no se iban.
-          ¿Y tú ?
-          A mí me dio tanto coraje todo que esa noche, la última, cuando mi tía andaba guardando sus últimos trapos con mi mamá, agarré los paquetes de droga, que eran como 40 kilos, y los fui echando por el fregadero de la cocina uno a uno…
-          ¡ No mames ! ¿Toda ?
-          No, no toda, me guardé algo para venderla después, esos sabían que yo vendía, así que si me agarraban, yo podía decir que era de la mía…esos pendejos no dejaron vigilancia esa noche, ya que sabían que yo era del negocio y que jalaba con ellos. Me dejaron de custodio y yo los boté a la verga, chingue su madre.
-          ¿ Y luego ?
-          Tempranito en la mañana, como a las cinco, sacamos todos los trapos entre los tres y agarramos un coche, y nos fuimos derechito a la Central de autobuses del norte…les di unos billetes a mi mamá y mi tía para que tuvieran con qué comenzar bien otro negocito allá en su tierra o donde fuera, y yo me fui a vender la droga por fuera, con un conecte que compraba al duro y fuerte…pero mira lo que es Tepito. Me compró la coca al contado y todo, y antes de irme me dijo lo último que escuché antes de venirme para acá.
-          ¿Qué fue ?
-          « Pírate rápido ; te van a matar ».
-         
-         
-          Esa misma tarde eché unas últimas vueltas, y así sin nada, me fui al aeropuerto. Me daba igual irme adonde fuera. No tenía visa para irme a Estados Unidos, así que me vine para acá.
-          ¿Pero y el pasaporte ?
-          Lo había comprado antes en Tepito, bien barato. Todo se compra : La cartilla, el permiso de manejo, clones de tarjetas de crédito…
-          ¿Y el idioma ?
-          ¿Qué ? Tampoco hablaba inglés. Y hasta eso es más parecido al español. Sepa porqué vine. Llegué al aeropuerto, miré el tablero de salidas y así, nomás con una mochililla, me compré el boleto y me vine. De esto hace año y medio.
-          No’s, carnal, qué huevos.
-          Ey, me cae.
-          Ya, ya, no es pa’tanto. No les cuento más para que no se asusten.
-          Oye Tepi, disculpa la pregunta, pero por no dejar, a todo esto, ¿cómo chingaos te llamas?
 
El Tepi duda antes de responder. Pone cara solemne y dice :
 
-          Tu padre.
-          Hijo mío – concluye el abuelo.
Par Jorge Romaneste - Publié dans : Infancias
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:11
Angel – las hormigas
 
Son las ocho de la mañana de un sábado, y como cada 15 días, Angel está terminando impacientemente su licuado de plátano mientras su mamá se dedica a darle su biberón a su hermanita, y su papá está revisando el motor del coche. Angelito está muy impaciente y desde las seis de la mañana está pensando ya en el día que le espera, pues hoy se cumple el ritual quincenal familiar de ir a pasar el día a la casa de los abuelitos a Zacatecoluca, a la Casa Grande como la llama Angelito, de lo bajito de sus seis años.
 
Sus padres están felices al ver la impaciencia de Angel, siempre que se acerca el fin de semana comienza a preguntar si ese fin van a la Casa Grande, y aunque sabe perfectamente que es un fin de cada dos, no pierde la esperanza de un cambio afortunado en los planes con un poco de ayuda divina y buena voluntad familiar, para regresar sábado a sábado a lo de sus abuelitos. Y ahí está Angelito, tirándole el pantalón a papá, cuándo vamos a la Casa Grade, cuándo vamos a la Casa Grande, y ahi está Angel, brincando y saltando de impaciencia, esperando el sábado afortunado en que toda la familia se levanta un poco más temprano y hacen los preparativos para el camino hasta Zacatecoluca. Da gusto ver el amor que tiene Angelito por sus abuelos, piensa su padre, a pesar de que se ocupan poco de él y de que no aprecian mucho a los niños que andan corriendo por toda la casa.
 
La verdad es que a Angelito no le interesan gran cosa sus abuelos. Lo que le interesa es la Casa Grande, esa vieja hacienda con un solar inmenso y árboles frutales por todas partes. De la casa de sus abuelos le gustan dos cosas : El camino para llegar a ella, para ver los carteles publicitarios al borde del camino y que conoce de memoria y los letreros de la carretera, los soldados que controlan el camino, hasta los retenes que hacen los soldados para verificar el interior del coche y los animales que pastan al lado de la carretera. Y una vez llegados allá, y después de saludar desganadamente a sus abuelos (el abuelo pica y la abuela casi no habla) Angelito tiene todo el día libre para dedicarse a lo otro, a lo suyo, a la razón de su ardiente impaciencia : las hormigas.
 
Estos bichos no existen en su casa enorme y limpia de San Salvador, situada en el corazón de la ciudad. Pero allí sí, y en enormes cantidades. Angel y las hormigas es una vieja historia de amor y odio desde que tiene uso de razón y memoria guerrera. Sus primeros recuerdos están invariablemente relacionados con las hormigas ; se recuerda furioso, después de una reprimenda materna en este mismo lugar, viniendo en pañales a sentarse con los brazos cruzados en el hormiguero. Se recuerda también buscando agua en vasos desde la gran cocina hasta el solar para inundar –en vano- su hormiguero preferido. Y recuerda por supuesto la fiebre que le dio en un memorable camino de vuelta a San Salvador, causada por una tarde particularmente aciaga en la que fue picado por muchas más hormigas que la cantidad habitual.
 
Pues bien. Ese sábado las condiciones climáticas son ideales. La mañana está soleada y hay algunas nubes gordas que puntean en el horizonte, lo que indica que probablemente por la tardecita esté un poquito nublado y que lo dejarán jugar solo en el solar, sin el temor materno a que tome alguna insolación. Tiene los bolsillos de su pantalón llenos de corcholatas, recolectadas pacientemente durante dos semanas en la basura de la cocina y en el camino de la escuela, y ya tuvo tiempo de ir a su escondite –detrás de la cocina, en el galpón de las herramientas del abuelo – para verificar que sus armas están intactas y listas para su uso : Dos piedras de río grandes, lisas y redondas y algunas corcholatas guardadas con celo guerrero y previsor.
 
Angelito no tiene primos, su hermana es muy pequeña y sus papás no se ocupan mucho de él. Sus abuelos son para él dos señores grandes que hablan con sus papás de cosas de adultos, de la política, de la cosecha y de la guerra contra « la supersión » y « los comunistas », como dicen, de la casa y de la vida en la capital y del trabajo, y en la mesa cuando los adultos hablan, los niños –él – no tienen la palabra, si acaso para pedir más de tal o cual plato. A Angel no le importa, come aprisa esperando que haya muchas hormigas fuera del hormiguero y que las nubes vengan para hacerlas salir apuradas, pues sabe muy bien que cuando va a llover, las hormigas andan alteradas alrededor de su casita.
 
Por fin son las tres, los adultos discuten en el fresco con algunas cervezas, algunos vecinos habituales pasan a platicar, y ya Angel puede burlar tranquilamente la laxa vigilancia materna para irse al hormiguero, o mejor dicho, a los hormigueros. Se dirige primero a buscar sus armas, y después al hormiguero principal, cuya forma le recuerda el Estadio Nacional. Grande, como un pequeño volcán, mil veces destruído y mil una reconstruído, esto no deja de admirar a Angel, y no dejará nunca de hacerlo. Pero no hay hormigas a la vista. Da un puntapié provocador a la cima, esperando que esta acción sea considerada como un casus belli por sus habitantes, que saldrán en masa a combatir al osado agresor. Pero no, la verdad es que no se ve mucha actividad interior. Quizá ya se han aburrido de él. O quizá no tienen permiso o ganas de salir a pelearse, quién sabe.
 
Sin inmutarse, Angelito va al hormiguero número dos. Más pequeño y menos impresionante que el primero, pero con particularidades geográficas que le aportan ventajas en el campo de batalla ; el piso está más duro y situado en un campito pelón, sin mucha vegetación, con piso de tierra dura. De lejos y con el sol pueden verse brillar aquí y allá algunas de las corcholatas que dan fe de antiguas batallas. Y pueden verse algunas hormigas, grandes y negras que andan caminando en fila en dos sentidos, en un pequeño sendero marcado por el olor, como un día le explicó su papá, y que va a adentrarse algunos metros más allá en el espacio donde están los árboles frutales. La lucha no puede llevarse a cabo en esa jungla, la hierba y la cizaña dificultan la visión y en aniquilamiento del enemigo, y como siempre, la lucha se hará en los alrededores del hormiguero y en el largo camino por el que estas transitan entre la jungla y la fortaleza.
 
Con prudencia, Angel comienza por abordar un punto lejano al hormiguero, para que la noticia de su ataque llegue lo más tarde posible a éste. De su bolsillo saca algunas corcholatas y comienza por pequeñas escaramuzas sobre algunas hormigas dispersas. Primero, a piedra limpia. Un piedrazo de advertencia a dos hormigas que se alejan un poco de la columna, después, y cuando estas hormigas sienten el peligro y comienzan a andar erráticamente y más aprisa, la mano certera de Angel levanta de nuevo su arma para dejarla caer implacablemente sobre las exploradoras, que encuentran así su funesta muerte, apenas las primeras de la tarde en una salvaje y ritual carnicería quincenal. La guerra florida a pequeña escala. Quizá las hormigas lo recuerden o hayan oído hablar de él, no es posible que después de tanto tiempo los ataques de Angel no sean leyenda en los hormigueros y las siga tomando por sorpresa. Quizá las hormigas viejas amenacen a las hormiguitas que no se quieren dormir o acabar su plato con la visita de Angel, si no te duermes va a venir el Angel exterminador el próximo sábado con su piedra-martillo, y tal vez las hormiguitas se estremecen de miedo y de emoción a la sola mención de su nombre. Quién sabe.
 
Angelito actúa metódicamente, salmodiando en voz baja imprecaciones y onomatopeyas contra las víctimas de hoy, ñííiiii, ¡ pj !, ¡pj !, dice Angelito, mientras la piedra-martillo desciende en picado haciendo puré a las hormigas, ¡ cuidado !, ¡cuidadoooo !, ¡aaaaaayyy ! no, por favor, ¡noooo !, ¡corran, corran !, Angel pone estas palabras en la boca de sus víctimas, que corren desorientadas, ¡pj ! ¡pj ! Angelito retoma su rol de verdugo, comienza a divertirse, la excitación comienza a contagiar a las otras hormigas que sienten los estremecimientos quincenales de su suelo patrio, pronto tomarán las medidas necesarias para su defensa y expulsar a quien osa así mancillar la tierra de sus ancestros y de sus héroes. No pasarán.
 
 Después de apachurrar a piedrazo limpio algunas decenas de hormigas dispersas, Angel toma nota del nerviosismo en la fila hormigueril, que se vuelve menos ordenada y notablemente más excitada. Sabe que todo esto es por él. Las hormigas aceptan el combate. Angel decide entonces pasar a la segunda etapa, la de las criptas. Escoge una buena corcholata, no muy torcida, y espera pacientemente a que una hormiga decida atacarlo y se aproxime imprudentemente a sus zapatos. No espera mucho, hay dos o tres que se lanzan irreflexivamente sobre él. Angelito escoge una, y entonces coloca rápidamente una corcholata sobre ella, y de un piedrazo firme, la clava sólidamente a la tierra dura.
 
Hay hormigas admirables, a veces. Angel ha encontrado algunas que logran escapar de la corcholata antes de que tenga tiempo de clavarla sobre ellas. Hay algunas que ya asoman la cabeza por algún resquicio buscando escapar cuando ya la mano justiciera de Angel desciende con su piedra-martillo sobre la corcholata, por lo que mueren decapitadas. Hay otras que salen una y otra vez de la corcholata, y que mueren finalmente a pedrada limpia. Admirables y valerosos enemigos, Angel las respeta y las recuerda posteriormente con ternura.
 
La actividad alrededor del hormiguero es cada vez más febril, Angel tiene cuidado de tener un ojo en la próxima víctima, otra en la cima del hormiguero y de revisar de un tiempo a otro las agujetas de sus zapatos tenis, por las que ya suben dos o tres enemigas que no había visto acercarse. Lo han rodeado. A piedrazos de deshace de la trampa, las malditas se aferran a sus agujetas, aun muertas, una decena de corcholatas en su mano se convierte en menos de dos minutos en una serie de nuevas criptas-tumbas para diez osadas hormigas, Angel se desespera un poco, es el frenesí de la batalla, cada vez tiene más hormigas alrededor suyo, y cada vez la tentación de acercarse unos metros al hormiguero es mayor. Cambia de posición, ataca con piedra y corcholatas, siente una hormiga subir por su pierna, la sacude de un manotazo, otra sube por su calcetín, Angel aguanta la tentación de salir de ahí dándose manotazos por todo el cuerpo, nunca les dará la espalda a las hormigas, él no es un cobarde, morirán dos o tres centenas de hormigas antes de dejarse sorprender, pero el furor de la batalla y la rabia que poco a poco le va ganando al saberse arrinconado le hace perder la concentración. Se está quedando sin corcholatas. De una corcholata mal clavada emerge una hormiga cubierta de tierra, pero viva, que regresa al combate. El enemigo es numeroso y valiente, Angel comienza a respirar agitadamente al tiempo que lanza sus últimas fuerzas en la lucha, toma, toma, les va diciendo, toma, conchaetumadre, muérete, muéranse, estúpidas, muéranse, el martilleo de su piedra pierde precisión, siente un nuevo cosquilleo en el cuello, esta vez su manotazo llegará demasiado tarde, la hormiga en un ataque kamikaze le ha picado, cómo duele, Angel comienza a gritar, la mano suelta la piedra y se dirige al lugar de la picadura, otras hormigas aprovechan la pausa para trepar sin demora por las piernas, pican, otra en una mano, avanzando a ciegas por debajo del pantalón, una cuadrilla ya sube por la paralizada pierna derecha.
 
Ahora es Angel el que sufre, está aullando de dolor, furioso y atemorizado, sin moverse de su sitio se quita el pantalón y descubre tres hormigas en sus piernas, una ha llegado hasta su trusa, Angel se siente humillado por esta acción, siente que le han arrebatado la bandera, que el enemigo ha tomado la Plaza Mayor e izado la bandera enemiga en el centro de la ciudad. Las hormigas siguen subiendo y picando, Angel combate a manotazo limpio, a los gritos sigue insultando a las hormigas, está llorando, se acerca la hora de capitular.
 
Y es con sus últimas fuerzas que consuma el ritual quincenal, con el cuerpo ardiente de dolor y el corazón saliéndosele del pecho, se baja la trusa hasta las rodillas y comienza a orinar aplicadamente sobre el hormiguero, que divisa borrosamente entre las lágrimas que literalmente se le saltan de los ojos. Tomen, tomen, estúpidas, estúpidas, putas, estúpidas, Angel repite sin cesar los pocos insultos que conoce, el hormiguero sufre un deslave de terreno ante el chorro irregular que cae sobre su cima, Angel las imagina ahogándose, cubriéndose la cabeza ante la lluvia ácida, ¡no ! ¡no ! glub, glub  harán las hormigas, mientras Angel llora, la lluvia termina, Angel se siente mareado, le duele todo el cuerpo, le arden las picaduras.
 
Dando un último grito comienza a correr hacia el lugar donde los grandes siguen tomando el fresco, de lejos lo ven llegar sus padres como casi siempre, sin pantalón y sin trusa, esta vez con la camisa, y lleno de picaduras de hormiga. Ya llega a los brazos de su madre, ya ella le sacude dos hormigas de la cabeza, aprisa le quita la camisa para descubrir pequeños montículos rojizos que comienzan a dibujar formas grotescas en la espalda de Angel, siempre es igual, suspira el padre, este niño no aprende, siempre las hormigas, pero no sabe que así Angel es feliz, que aunque llora de dolor y de rabia, en el fondo, en medio y en la superficie ama decididamente a las hormigas, ya su mamá le sopla sobre las picaduras para calmar el dolor y ya su abuelita se fue a buscar la pomada que siempre le ponen en estos casos, lo desnudan completamente, lo meten a la casa, lo cubren de pomada mientras Angel solloza, a ver si así escarmientas, le dirá como siempre su madre, nunca más, nunca más, piensa Angel durante el duro trance por el que pasa, pero mañana en la mañana antes de irse Angel ya estará buscando corcholatas de cerveza en el bote de la basura de la cocina para guardarlas en su escondite, y recogerá la piedra-martillo que quedó abandonada al lado del hormiguero, y antes de regresar a su casa guardará todo muy bien para el combate que tendrá lugar, si todo va bien, dentro de dos semanas.
 
 
Par Jorge Romaneste - Publié dans : Infancias
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:10
Nénad (infancia)
 
¿La felicidad para Nénad ? Buena pregunta. Ante la redacción por hacer y el pánico habitual frente a la página en blanco y los 30 minutos de tiempo, Nénad sólo tiene dos ideas en mente : Aquí y ahora. O tal vez podría decir « Quizá aquí y ahora ». El aquí es esta escuela pública del 10° arrondissement y el ahora es este frío mes de noviembre en curso. El resto es historia vieja, desde el comienzo del ciclo escolar y el cambio de escuela, Nénad está por primera vez en territorio amigo en su propio país, y para cerciorarse de ello le basta con levantar la cabeza : Ahí los tiene alrededor suyo, garabateando su propia versión de la felicidad en sus hojas de cuaderno : Micki, Sinisa, Jadranka. Tan franceses como él y tan extranjeros como él en su propio país.
 
Nénad echa un ojo al reloj, sabe pertinentemente que le quedan 25 minutos para explicar y desarrollar su « aquí y ahora », pero sabe de antemano que es pena perdida, guerra perdida sin necesidad de disparar tinta : La profesora, esa señora Pichard, la vieja señora Pichard qué puede saber. Nunca se ha movido de aquí, siempre habla del extranjero hablando de « esos países » y casi tocando madera para eludir al demonio o al próximo niño inmigrante. ¿ Cómo puede comprender entonces el alivio reciente de Nénad de encontrarse al fin entre franceses semejantes, sus semejantes entre otros semejantes ?
 
Y Nénad se pregunta si no debe comenzar por explicarlo : Al fin estoy entre franceses semejantes. Hasta antes de venirse a vivir a la rue du Château d’Eau, sus padres vivían en los suburbios de Lyon, donde su padre trabajaba. Vivía en un edificio de lo más común, de un barrio común. Y allí recuerda haber crecido como un niño común hasta que entró en la escuela. A la hora de la presentación de cada niño ante sus nuevos compañeritos, Nénad recitó su nombre y apellido como había indicado la maestra, y cuando ya los niños le respondían con un « Bonjour Nénad » la maestra interrumpió para preguntarle a Nénad qué le podía decir a los otros niños sobre su país.
 
Nénad recuerda alzarse de hombros y decir que Francia era un país bonito con ríos y puentes y nieve en invierno, que es lo que más le gustaba. Hubiera podido decir más si la profesora no lo hubiera interrumpido para pedirle que no hablara de Francia, sino de su país. Nénad se quedó frío. ¿Cuál es mi país ? preguntó, tímidamente. La profesora le respondió que los papás de Nénad habían venido de Yugoslavia, y que Nénad Seferović era un nombre yugoslavo. Luego mostró con una regla dónde se encuentra « el país de Nénad » y se volvió de nuevo a él para preguntarle si sabía cómo se llamaba la ciudad donde nació. « Lyon » fue su respuesta. Los otros niños rieron. Desde entonces fue para toda la clase Nénad-el-yugoslavo.
 
Regresando a su casa comentó con sus padres lo aprendido en clase. Sus padres eran yugoslavos, eso lo sabía, en casa no hablaban francés y cuando lo hablaban lo hacían con errores y con un fuerte acento lleno de erres y salpicado de serbio. Por ende, Nénad, nacido en Lyon era yugoslavo también, impostor con una nacionalidad francesa que no le correspondía. Sus padres le contestaron que era tan francés como los demás, con orígenes yugoslavos, ciertamente. Y le explicaron algo de la riqueza y la fuerza de sus orígenes. No entendió ni un pito. No veía qué diferencia había entre él y los demás niños, aparte del hecho de hablar serbio en la casa y con sus abuelos por teléfono, unos señores que lo habían visitado una vez, la navidad anterior. Pero ¿aparte ?
 
Con el paso del tiempo a Nénad se le quedó el mote de « el yugo » y conforme se socializaba y se presentaba ante otras personas, se fue acostumbrando a que la sola evocación de su nombre le acarreara responder a las preguntas de rigor que seguían a saber : « ese-nombre-no-es-francés-de-dónde-eres-hablas-muy-bien-el-francés-¿sabes-quién-es-Tito ? » y el pequeño Nénad contestaba como podía a la avalancha de preguntas.
 
Así fue que un día Nénad el yugo se sintió muy contento cuando su padre le anunció un verano que se irían de vacaciones a Yugoslavia a ver a sus tíos y a sus primos que no conocía. Nénad no podía imaginarse a ciencia cierta visitando un país que no conocía y que le aseguraban que era el suyo, y al que sólo había visto en fotos viejas y en sueños. Un país donde la gente habla en serbio, la televisión es en serbio, los periódicos están en serbio. Y sintió un poco de miedo. Conforme se acercaba la fecha de partir, Nénad soñaba más y más con ese país suyo y con la familia que era la suya, también sin conocerla. Y comenzó a sentirse más y más yugo, de ese país casi fantástico, y menos menos de este país. La única excepción era su lazo con el AS Saint-Etienne, que lo mantenía en estrecho contacto pasional con Francia.
 
Fue un viaje largo, de muchas horas en el auto, hecho en dos días. Cuando llegaron a Čačak, Nénad estaba maravillado. El paisaje era diferente, como las casas, la ropa de la gente, el verde del campo, las señales de la carretera. Sus tíos salieron a recibirlos, sus primos esperaban tímidamente detrás de la puerta principal. Las presentaciones fueron hechas entre todos los miembros de la familia y justo después los niños recibieron la orden de irse a jugar a la pelota por ahí. Los primos de Nénad (seis) y él mismo se lanzaron miradas solidarias de incomodidad pero acataron la orden. Uno de ellos le sonrió y le indicó que lo siguiera. El resto de primos siguió.
 
-          ¿ Entonces tú eres el francés ? – le soltó a bocajarro uno de sus primos, a manera de presentación, sin el menor asomo de burla – yo soy Sinisa.
-          Yo Nénad. Pero no soy francés, soy yugoslavo.
 
Los otros primos se habían sentado alrededor, sin atreverse todavía a conversar con el francés. Pero ante esta primera reivindicación de Nénad, sus primos fueron hablando uno por uno, regresándolo a su lugar.
 
-          Yugoslavos nosotros, que aquí vivimos, y de aquí somos.
-          No puedes ser yugoslavo si nunca habías venido, mi papá dice que naciste en Francia. ¿Cómo yugoslavo ?
-          Los yugoslavos no tenemos ese acento tuyo. De seguro hablas francés. ¿ Porqué no nos dices algo en francés ?
-          ¿Ya vieron cómo pronuncia ? A ver, habla otra vez…
-           ¡ Qué hable el francés ! ¡ El francés ! ¡El francés ! ¡El francés !
-          ¿ Qué tan alta es la torre Eiffel ?
-          ¿ Así como tú se visten los franceses ?
 
Y durante ese mes y medio de vacaciones Nénad fue « El francés » y ese mote se le quedaría parasiempremente, y se le recordaría cuando le pidieran que hablara de las cosas que se comían en « su » país, del futbol de « su » país, de cómo era la gente en « su » país. Era muy confuso. Nunca acertaba a definir cuál era su país de verdad. Para los franceses, su país era este, pero para los yugos, su país era Francia. Parecía que nadie quería de él, y que tarde o temprano enmedio de alguna conversación normal, la gente esperaba la menor oportunidad para marcar la diferencia entre él y « su » país y entre el interlocutor y « su » país. Si la comida no le gustaba, no podía ser porque su tía se había pasado con la sal, sino porque en Francia seguramente no se come así. E inversamente en Francia a Nénad le preguntaban todo el tiempo, cuando iba a comer a casa de amigos, si le gustaba la comida francesa y si en su casa comían como los franceses o si su mamá cocinaba comida de « su » país. De todo esto Nénad concluyó que su país siempre era el otro, estuviera donde estuviera, y lo peor es que a él nadie le preguntó nada. Siempre fueron los otros los que decidieron cuál era el país de Nénad.
 
Un día, al regreso de un interminable y hermoso verano en Čačak, sus padres recibieron la confirmación del translado de su padre a la capital. París era, en todo caso, la capital del país donde Nénad vivía. Ese agosto fue consagrado a los preparativos urgentes de la mudanza y de la inscripción de Nénad a la escuela, así como a la búsqueda de un nuevo departamento. Afortunadamente su padre tenía amigos en la capital que le ayudarían a encontrar alojamiento y a facilitarle su instalación en la nueva ciudad. El viaje en tren no fue muy largo. De Lyon a la estación de Lyon en París y de allí en taxi a la rue de Château d’Eau, no lejos de République.
 
Nénad sale de sus recuerdos, vuelve a levantar la vista y mira la nuca de Jadranka. Ella fue la primera que conoció aquí, la mañana de su llegada. Recuerda haber entrado al edificio con su maleta y haberse fijado por costumbre en el interfono, para descubrir el nombre de sus nuevos vecinos. Y entre los Richard y Martin, descubrió un Zotović y un Mihailović. Corriendo fue hasta su madre para jalarle la manga y anunciarle la noticia. Su madre le respondió con una sonrisa. El señor Zotović era amigo de su padre, vivía en el segundo piso y tenía una niña de su edad. ¿Porqué no iba a presentarse ? Una hora más tarde, Nénad tocaba la puerta del segundo piso. Le abrió un señor que lo saludó en francés, en un francés como el de su padre. Nénad apenas tuvo tiempo de presentarse antes de que el señor lo interrumpiera para llamar a su hija. « Mira » -le había dicho, en serbio – este es Nénad, el nuevo vecino de arriba, donde vivía antes el señor Ivković. Y Jadranka le había sonreído, respondido « salut » y le había preguntado cómo se llamaba y cuántos años tenía, en un impecable francés. Ni siquiera le preguntó de dónde era.
 
Fue Jadranka la que le presentó posteriormente al resto de la banda, que vivía un poco desperdigada en las manzanas aledañas a su edificio, casi todos de orígenes yugoslavos. De todos modos bastaba deambular por su calle, entrar al Globus vecino –tienda de productos alimenticios « del este »- o caminar en una zona delimitada entre République, el Boulevard Voltaire y el Boulevard Richard Lenoir para escuchar serbio-croata en algunos cafés, en algunos bancos de plaza, en la puerta de algunas agencias de viaje. Este fue formando el mundo de Nénad, su pedazo de patria. Y en la escuela sin querer, los niños con nombres eslavos fueron haciéndose buenos amigos, compartiendo sonrisas cómplices, estupores similares, historias frustrantes de vacaciones « allá », como llamaban a Yugoslavia. Nénad y el resto oscilaban entre grupos de amigos « locales » y se veían con frecuencia y placer entre ellos, pasando del francés al serbio indistintamente. La lengua salió del contexto familiar para marcar su distancia y su identidad con el resto del París que lo rodeaba. Sí, nací en Francia, no, mis padres no son franceses, sí, soy de aquí, sí, soy serbio, no, no soy el único, sí, somos completamente normales, completamente franceses, y por encima, serbios, bosniacos, montenegrinos, y entre nosotros nos comprendemos, nos conocemos sin explicarnos, compartimos desde chicos las mismas etiquetas y las mismas conversaciones a las que nos someten « aquí » y « allá » y mi nombre es yugoslavo, pero mi pasaporte es francés, y soy tan francés como tú y tan yugo como mí mismo. Y sí, si mañana juega Yugoslavia contra Francia, espero que Yugoslavia le meta cinco goles a los franceses, con un autogol de algún francés del AS Saint-Etienne. ¿Algún problema con ello ?
 
El tiempo termina, los niños arrancan la hoja con su redacción y van pasando las hojas hacia adelante. Nénad ve hojas escritas por ambos lados, hojas unidas con un clip, o grapadas. El pasa hacia adelante su hoja semidesierta, en la que ha garabateado palabras sueltas. El viaje a Čačak, el centro de Lyon, el olor de Globus, el grupo Téléphone, Bijelo Dugme, la última victoria del Partizan sobre el Dynamo de Zagreb, el RC Lens con su delantero yugo, la costa de Crna Gora. Sabe que otra vez le van a sacudir un dos. Qué le importa. Sabe también que la profesora no tiene ni puta idea de lo que significan esas cosas. No le pertenecen a ella, ni le pertenecerán nunca, monopersona con un monopaís, pobre señora Pichard.
 
Par Jorge Romaneste - Publié dans : Infancias
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Jeudi 31 mai 2007 4 31 /05 /Mai /2007 14:08
Graciela (infancia)
 
No son todavía las seis y cuarto de la mañana y ya hace rato que Gracielita está despierta, sentada en su cama, contándose historias. Hoy es lunes y toca regreso al colegio, dentro de unos momentos mamá se asomará a su cuarto para despertarla y pedirle como siempre que se apure, que si no se le va a hacer tarde, que se bañe rápido porque luego sigue su hermano, y apúrale mijita mientras yo te caliento la leche y te preparo el chocolate, pero ándele mija…
 
Graciela escucha el despertador de la recámara de sus padres y sabe que pronto escuchará el rechinido de los resortes de la cama paterna y el ruido de las pantuflas de su madre. Se hará la dormida, como siempre. No sabe porqué, es un juego que se ha inventado y que siempre gana. A los pies de su cama puede ver en la penumbra del amanecer su uniforme escolar, el escudo bordado del Colegio Excélsior, los zapatos de charol sobre la mesa y las calcetas blancas. Le gusta y no. Le gusta portarlo, con cierto orgullo y altivez cuando va camino al colegio y se cruza con otros niños que van a la escuela pública, con otro uniforme y con cierto desaliño. Una vez pasado el portal de la entrada del Instituto es otra cosa. A pesar del uniforme, se siente – o la sienten- todavía intrusa en ese lugar, con esas compañeras. Las otras niñas la miran de arriba a abajo y le dedican sonrisas irónicas, muecas de disgusto, miradas desdeñosas. Graciela no ha podido acostumbrarse a ello. Se va a esconder en los jardines o a abrir un libro y ocultarse detrás, esperando a que toque el timbre de entrada y llamen a las niñas a formar las filas. No quiere cruzar a nadie, no le dirige la palabra a nadie a menos que se la dirijan. Lo prefiere.
 
Sus padres no saben nada, claro. No quiere preocuparlos, ni ser malagradecida. Graciela recuerda que su primer año de primaria lo cursó en la escuela pública cercana a la casa, con otros profesores, otro programa, otro uniforme y sobretodo, con otras amiguitas. No recuerda si era feliz ahí. Lo único que recuerda es que cuando las visitas le preguntaban a qué escuela iba, mamá no le dejaba contestar, o bien completaba su respuesta con un « es temporal, claro. El año que entra la meto al Colegio » y así fue. Papá tuvo un ascenso en el trabajo y el cambio de escuela de la niña se volvió una prioridad. Recuerda a su papá sentado en el sofá, llamándola para que se sentara en sus piernas y decirle, casi cada noche, « no sabes la suerte que tienes. El año que entra te saco de esa escuelita rascuache y vas a entrar al Excélsior. Todas las niñas de tu escuela quisieran estar en tu lugar. Pero vas a tener que estudiar mucho mucho para darles las gracias a papá y a mamá por poderte ofrecer los estudios en ese Colegio ». Y Graciela asentía y agradecía, sin saber bien porqué. Conocía el Colegio, había visto niñas mayores entrando y saliendo a él, con un uniforme a cuadros, falda escocesa, pelo recogido por una cinta blanca, calcetas hasta la rodilla. Las había visto con admiración, esas niñas con tanta suerte de las que le hablaba papá, y que todos los niños admiran. Las había visto en el periódico, en las fotos de la sección Sociales, celebrando kermesses, fiestas de fin de año, tómbolas, primeras comuniones. Se haría nuevas amigas en el Colegio, amigas que salen el el periódico, que vendrían a jugar a su casa, su mamá se lo había prometido. Era un privilegio al que no podían acceder sus amiguitas de la escuela pública número 19. Por algo sería.
 
Graciela se levanta, se mete bajo la ducha y comienza a lavarse mecánicamente. Es una mañana fresca, la luz amarillenta del foco del baño la entristece un poco, quisiera olvidarse, evaporarse, irse con las burbujas del jabón por el resumidero y desaparecer de allí. Recuerda el primer día de clases en el Colegio. Su padre la tomó de la mano y excepcionalmente la acompañó hasta el gran portal. El corazón se le quería salir, ahí estaba ahora, ella también con ese uniforme comprado en la tienda exclusiva durante el verano, con las medias hasta la rodilla, el cabello recogido con una cinta blanca, tan igual que todas las demás niñas. Su padre sonreía orgulloso, llevándole la mochila. En la puerta se acuclilló frente a ella, le limpió las comisuras de la boca con su pañuelo y le dijo « y ahora recuerda : si te preguntan tu nombre, les dices tu nombre y apellido, ¿eh ? nada de Graciela. Eres Graciela Berriozábal, de noble cuna española. Si te preguntan de dónde eres, les dices igual, que naciste aquí, pero que tu apellido viene de nobles ancestros españoles. No se te olvide ».
 
Y no lo olvidó. A la hora de hacer las presentaciones en el aula, se presentó como Graciela Berriozábal, de orígenes españoles. Algunas niñas se rieron, a pesar de la presencia de la profesora. Se les pidió silencio. La profesora le preguntó a una niña de qué se reía. La respuesta le heló la sangre a Gracielita : « ¿española ? si parece indita, maestra ». Nuevas risas y llamados al orden.
 
Algo se rompió ese día en el interior de Graciela. Los días siguientes todo fue cuesta abajo. Le fue duro adaptarse y buscarse nuevas amigas. Las otras niñas la miraban con desdén (no siempre, claro, pero cuando estaban en grupitos sí) y le llamaban « prietita », « la sirvientita » o « la indita ». Temía a las otras niñas y a la vez las admiraba, las sentía inalcanzables, y ella se sentía diferente a pesar del uniforme, irremediablemente diferente. Diferente peor, como le dijo una vez a su madre, una tarde que no pudo más y que entró en la sala de su casa en llanto mientras su madre recibía a unas amigas para tomar el café. Esa tarde cuando llegó papá, mamá se encerró unos momentos con él en el dormitorio. Por la noche nadie habló en la cena. Después de acostarla, sus padres se quedaron hablando en voz baja en la sala, mientras Graciela los escuchaba a la vuelta de la escalera, chupándose el dedo y abrazando a su muñeca, balanceándose.
 
A la noche siguiente papá la llamó y la sentó como siempre sobre sus piernas. Le preguntó por la escuela, si todo iba bien, si tenía muchas amiguitas, y le recordó que tenía mucha suerte de poder asistir al Colegio y no ir a la escuela pública de al lado, con los « pandilleros ». Graciela asentía en silencio.
 
De pronto papá marcó una pausa y se puso a acariciarle el largo pelo negro. Y comenzó a contarle una historia, la historia de la familia, porque a veces hay gente muy mala que por ignorancia no sabe darle a la gente el lugar que le corresponde. « Usted no es ninguna indita, mijita. Indios, esos que andan en la calle haraganeando, en los mercados, esos que iban a la escuela a la que iba antes. Indios son los descendientes de los aztecas y los mayas y eso. ¿Acaso me llamo Huitzilopochtli o Atahualpa o Chicahuaca, y tú te llamas Chichen Itzá ? ¿No, verdad ?
 
« Mire mijita, usted se llama Berriozábal, yo me llamo Berriozábal, y tu abuelito, y tu bisabuelito…somos descendientes de españoles puros, de una región de allá de nobles caballeros y conquistadores, de los primeros que llegaron a colonizar América. ¿Te das cuenta ?
 
Y Graciela sigue asintiendo, sí papá, todo eso lo sé muy bien, yo se los digo a las niñas, pero ellas se ríen, me dicen « ¿española con ese pelo ? ¿española con esa nariz ? ¿española y morena ? española de Oaxaca es lo que eres, una indita ».
 
Su papá le habla de España, promete comprarle libros de sus ancestros, tiene respuestas para todo : Tiene pelo negro y largo de gitana. La nariz puede ser de descendiente de princesa árabe, que dominó España durante siglos, imagínate mijita, eres descendiente de nobleza española y árabe, como en los cuentos, por eso tienes esa piel, que no es como el de tus amiguitas. Pero hay otra cosa que caracteriza a los españoles y nos diferencia de la ralea, de los inditos esos que tú dices. Y es el carácter. El indito es sumiso, dominado, Diosito lo puso aquí para servir y para obedecer. Si le dicen algo en la escuela mijita, no agache la cabeza, ni mire al suelo, porque la confundirían con una indita. Mire de frente, y esté orgullosa de su nombre y de su estirpe, o sea de su raza y de sus orígenes. No hable con niños prietitos de igual a igual. Marque la diferencia, para que la respeten. Es en la actitud que se gana el respeto. Y cuando le digan algo, o se quieran burlar de usted, recuerde que es una Berriozábal, y que nunca ningún Berriozábal usó un taparrabo ni tenía lanza y penacho de plumas, ni comió lagartijas. Dése a respetar, y va a ver cómo esas niñas la dejan de molestar, y luego van a querer ser amigas de usted.
 
Graciela se lava los dientes y se peina frente al espejo. Le gustaba cuando mamá le hacía trenzas, pero desde que cambió de escuela eso se terminó también, aún los domingos, y no comprende porqué. Hay amiguitas que tienen trenzas, y se lo ha dicho a su mamá, que en el colegio las trenzas no están prohibidas. Su mamá suspira y le dice que con el pelo rubio tal vez, pero que con el pelo negro a las niñas de su clase no les van muy bien las trenzas. Quisieron cortárselo, Graciela se negó enérgicamente, hizo pataletas, se escondió, se encerró en el baño, ganó esa batalla. Ahora se lo ata con la cinta blanca y parte a la escuela, con la frente en alto. Cuando cruza a un niño con el uniforme blanco de la escuela pública, desvía la mirada o lo mira altanera. Si uno de esos niños la reconoce y la saluda, Graciela no contesta. Con el tiempo dejan de hablarle. Algunas niñas del colegio comienzan a aceptarla en sus juegos. Sabe que ahora está del buen lado, y que su papá tenía razón. El mundo se divide en dos, vencedores y vencidos, buenos y malos, blanco y negro. Todo consiste en estar siempre del lado bueno y perpetuar la regla. Siempre ha sido y será así, y si no, que le pregunten a los aztecas. No quedó casi ninguno, y los que quedan, pretenden que vistiéndose como uno y yendo a la escuela van a dejar de serlo. Pobres indios, malditos indios, mugrosos indios, de todos modos se lo merecen, para eso están.
 
Graciela entra por el portón principal y suspira. Va a sentarse detrás de la dirección y comienza a leer mientras inician las clases. Los indios son ignorantes, dice su padre. Ella no será ignorante. Quiere mostrarle a las demás niñas que pertenece a este lado, que sabe, y que sabe mucho. Quiere que la admiren. Sus notas escolares remontan sensiblemente después de aquel primer mes catastrófico con reunión de sus padres y la dirección y dos noches de pipí en la cama. Desde entonces Graciela se ha esforzado y se ido afirmando poco a poco. Hoy toca mostrar de nuevo el tablero mensual de aprovechamiento. Al inicio del año Graciela no aparecía, luego fue quinta, el mes pasado tercera. Su progresión marcó el afianzamiento de su personalidad y la seguridad en sí misma. Odia a la eterna primera, esa chamaquita con chofer que llora cuando la profesora le corrige una vez entre mil un errorcito en la lección. Se ha preguntado si esos errores no los comete a propósito. Fernanda Izaguirre Palacios, esa tarada. Ella, la primera que le llamó india. Ella, la que la sigue mirando con sorna cuando el tablero mensual la ubica en primer lugar. Ella, que no deja dormir a Graciela, quien no sabe qué hacer para ganarse su estima, para que la invite a subir en el coche con chofer y la invite a merendar a su casa, para formar parte de las elegidas a la merienda semanal que Fernanda Izaguirre, hija de eterno diputado, ofrece en su casa a su pequeña corte de amiguitas, que se baten por formar parte de las elegidas de la semana. Graciela espera y espera, sufre en silencio sin ver acercarse su sueño, el día en que Fernandita Izaguirre Palacios la llame, no importa si es en secreto, para invitarla a su casa el siguiente jueves. Sabe qué vestido se pondrá, y sabe qué regalo llevar en esa ocasión, pero Fernandita sigue ignorándola, mirándola con burla, con lástima fingida, esa pendeja.
 
Llega la hora de la entrada. Las niñas entran en orden a clase. Permanecen de pie al lado del pupitre hasta que la Miss considera que el silencio es satisfactorio y que las niñas pueden sentarse. La profesora anuncia los resultados del mes y del cajón del escritorio saca las 3 medallas, la de oro, plata y bronce (falsas, claro). Toma el tablero y ordena a las niñas hacer un ejercicio mientras borra los nombres de los laureados del mes pasado y escribe los nuevos. Graciela mira de reojo a Fernandita. La rubiecita ha terminado, mira sobre el hombro a sus compañeras, que sacan cuentas y calculan con los dedos, que borronean y soplan sobre el papel. Suspira con fastidio estudiado. A Graciela el corazón se le quiere salir.
 
Por fin la profesora se levanta, se dirige al pizarrón, y con cuatro imanes fija en él el tablero de aprovechamiento del mes. Fernandita grita, se cubre la boca, comienza a lagrimear. Su nombre aparece en primer lugar, empatada con Graciela, quien aunque ha soñado con este momento, no lo puede creer.
 
-          ¿Qué es lo que vamos a hacer ? – pregunta la Miss – tenemos un empate en primer lugar, y solo una medalla de oro…¿ a quién se la damos ?
 
Las otras niñas murmuran, Fernandita solloza, la cara rojísima. Y solo entonces se vuelve para mirar a Graciela, que sigue paralizada, sin creerse aquello. Y entonces ocurre. Fernandita comienza a reír, cada vez más fuerte, y de pronto, señalando a Graciela con el índice, dice a viva voz :
 
-          ¡Maestra ! ¡Maestra ! ¡La indita se orinó !
 
Las niñas largan la carcajada, y Graciela despierta, sale de su estupor, mira sin comprender esos rostros que se ríen de ella. Se da cuenta de lo que ha pasado, comienza a llorar. Y es entonces que Fernandita se levanta de su asiento, toma la medalla de oro del escritorio y va a colgársela a Gracielita, enmedio del barullo general. Al día siguiente no irá al Colegio, estará enferma. Y sabe que, por lo demás, nunca merendará en la mesa de Fernandita, esa pendeja a la que admira tanto, sin saber porqué.
Par Jorge Romaneste - Publié dans : Infancias
Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Samedi 5 mai 2007 6 05 /05 /Mai /2007 13:31
Sexualidad.
 
Juan Diez acude relativamente puntual a la cita que le di en un cafecillo que está en el tramo peatonal de la calle Caumartin. No es una zona que me guste mucho, este pasaje siempre está invadido por personas que ganan unos tristes euros haciendo encuestas y sondeos de opinión entre los transeúntes (los pasantes, diría Alicia), cinco o seis limosneros habituales, diez o doce temporales, músicos improvisados, turistas medio hippiosos con guitarrita y pandero más lo que se acumule. Pero yo tengo que pasar por aquí entre dos cursos y un café en una mesita junto a la ventana para ver el cielo gris y la gente idem que se impone. Y este café, medio mugriento y todo, con sus colillas pisoteadas y el linóleo sucio y jamás bien trapeado es el más decentito en el sentido en que no está completamente orientado a cachar turistas y a encajarles un pinche sandwich todo pedorro a precio de oro.
 
-          ¿De cuánto tiempo dispones, Jodiez ?
-          Depende, si tienes otro de tus problemas existenciales de vieja histérica, tengo cinco minutos. Sino, más o menos media hora.
-          ¿Sabes precisamente el origen de la palabra ‘histérico’ ?
-          Me imagino que del griego…
-          Exacto. ‘Relativo a la matriz’. Pinches griegos pensaban que sólo las mujeres se ponían histéricas, y pensaban que era la matriz la culpable de ello.
-          Cuando hoy se sabe que no es precisamente la matriz, sino el dolor de ovarios, un poco más abajito. No andaban muy lejos los griegos.
-          Puta, dímelo a mí, pinche Hélène se ponía histérica, precisamente. Esos griegos eran unos genios…
 
Llega el café. Ritual sagrado, aspirar el olor, vertir el azúcar en polvo (la mitad del sobrecito como máximo) o cortar la mitad del terrón y vertirla en la taza (prefiero la palabra pocillo), disolver el azúcar con ayuda de la minúscula cucharita prevista para este fin, teniendo cuidado de no dispersar la espesa espuma que caracteriza un buen expresso, retirar la cucharita, llevársela a la boca, dejar que la saliva, el paladar, el aliento se impregnen del olor a café. Mamma mía.
 
-          Nomás de verte siempre haciendo eso se diría que tienes orgasmos mí(s)ticos con el café.
 
Antes de responder fijo bien a Juandiez para ver si hay clima para hablar de lo que me preocupa. Luz verde.
 
-          Mira, a decir verdad, actualmente es más o menos el único tipo de orgasmos que me puedo permitir. No me vas a decir que por un euro me sale caro.
-          ¿Sigues con la historia de que no se te… ?
 
y Juan diez deja el verbo en suspenso para indicar, gracias a la manipulación en dos tiempos de la cucharita,
un falito metálico que pasa de una posición feliz a una toda triste y meneándose tristemente cuesta abajo.
 
-          Gracias por tu tacto y la delicadeza, carnal.
-          Precisamente, hablando de tacto. Oí de tipos que gracias a la masturbación y a la estimulación pueden dar rienda suelta a una vida sexual inexistente que les permite sobrellevar la ausencia de…pues de sexo. ¿Cómo andas en ese rubro ? ¿Porqué no le das, o te das, por ahí ?
-          ¿Autoestimulación sexual ? Nunca lo había pensado. ¿Existirá de verdad o serán leyendas ? Vaya consejos los tuyos.
-          ¿Cómo crees que hacen las mujeres ? Nosotros todavía. Es cuestión de agarrarle gusto otra vez.
-          Sí, ponle, pero rutinariamente, cada mañana antes de salir de casa, qué hueva.
 
Mi tono es medio grave, más lastimero que buscando un humor grasoso para el tema. Juan Diez me mira y se da cuenta.
 
-          Un momento…¿vamos a hablar del culo ahorita ? ¿A las 11 de la mañana ?
-          Es que después de comer, no, me da el torzón. Igual no tenía una idea fija de qué hablarte pero de una vez, ya que estamos entrados en gastos…hablar de un problema o de otro de los que traigo, da igual.
-          Bueno, si tantas ganas tienes, y hablando de gastos, aquí a la vuelta, rue de Provence, hay algunas putas. ¿Porqué no te lanzas ? O no…
-          No. Antes prefiero jalármela. Pinches viejas, todas pasteleadas, sin hablar del entusiasmo que deben poner a su dura labor…además que te imaginarás que nunca me metería con una puta. O al menos con una oficial.
-          Pues ni modo, a trabajar, muñeca.
-          No, precisamente, ya no quiero. ¿Sabes que voy a cumplir 30 años ? Me cagan las fechas exactas y los roles que te encasquetan por el hecho de llegar a fechas límites así, pero igual… ¿te imaginas ? « mira, ahí va Diego, treinta años y se mata a pajas. No lo vayas a saludar, o después te lavas las manos ».
 
Di en el clavo, la evocación de esta idea le tira una sonrisa al Juandiez.
 
-          Bueno, en tiempo de guerra…
-          Y por otra parte, ya estoy harto de tener eyaculaciones nocturnas y ni siquiera disfrutarlas. Ni sueños eróticos tengo, solo constato los daños al amanecer. Me caga también que mi vida sexual se pase cuando no estoy ahí para aprovecharla. Me despierto y me siento como damnificado. Despertar con todas las sábanas mojaditas, buargh, los pelos duros, horrible pegostle, invierno largo.
 
Silencio compartido, suspiro de fastidio, sorbos de café. Invierno largo.
 
-          Quién te entiende. Putas no, salir con chavas no, abstenerte no. Jalártela tampoco. Si tienes miedo de aburrirte, pues alquílate una peli o súbete a internet, hay un montón de imágenes estimulantes, de viejas acá, de literatura, no sé, hay variedad…
-          ¿Sabes qué ? Para hablar en serio, antes me trepaba a internet y me masturbaba delante de la pantalla. Imagínate la escena.
-          Bof. No te preocupes, eso mucha gente lo hace y es casi normal. Excepto en la conexión de la oficina, por supuesto.
-          Ponle, así me la llevé un rato, hasta que vi un documental en el que se decía que los cajeros automáticos tienen una cámara detrás de la pantalla para poder identificar a presuntos ladrones o gente que comete actos de vandalismo contra los cajeros. Y pasaron varios ejemplos de gente vista con esta camarita que se enojaba o se peleaba o insultaba al cajero.
-          ¿ Y ?
-          Pues que desde entonces cuando me la quería jalar, me imaginaba que detrás de la pantalla había una camarita que me estaba filmando y me imaginaba la cara que yo debía poner en pleno forcejeo y posterior orgasmo masturbatorio. Te juro que nunca más pude.
-          Ja ja, pinche Diego. Seguro que hay gente que se hace un cráneo y se excitaría con eso de la camarita.
-          Sí, pero yo no. Y el problema es que después de dos o tres días sin sexo, masturbación o eyaculación nocturna, salgo a la calle y a todo miembro del sexo opuesto que cruzo me gustaría saltarle encima. Es una obsesión. Casi no puedo pensar en otra cosa. Cuando tengo tiempo libre, y tengo tiempo libre, puedo sentir el ansia de sexo invadirme, pero al mismo tiempo sé que nunca voy a pasar al acto, ni abordar a nadie, ni salir a un barcillo a ligarme una chava, y todo termina con una jalada apresurada bajo la ducha. Es frustrante pero necesario para poder llevar una vida cotidiana normal. Sino, tengo miedo de soltarle a alguna colega inclinada en la fotocopiadora que me gusta su culo y que quisiera agarrárselo. Y mira que he estado a punto más de un par de veces. Me está valiendo madres. Me hablan las alumnas y yo sigo únicamente el movimiento de sus labios, ni las escucho, reviso sus pechos, escudriño sus pezones, les adivino las braguitas bajo el pantalón, futs, seguro que se nota cuando ando así. Al rato te lo juro, voy a agarrar a una chava del talle y me la voy a atraer hacia mí con el « a ver, presta pa’ la orquesta, como la traigas, vale madre ».
-          Oh pues, vas a parecer albañil. Cuando un albañil le tira un piropo bien vulgar a una morra, en México te daba risa, ¿no ?
-          No compares. Ellos lo hacen para joder, en el sentido figurado de la palabra. O para jugar al machito que todo dice y todas las puede. Yo lo haría hablando en serio y patéticamente. “Patricia, déjame agarrarte tantito el culo, nomás tantito, una sobadita y ya…”
-          Te recomiendo que ocupes tu tiempo libre para que pienses en otra cosa.
-          El tiempo libre comienza después de jalársela. Cuidado. Siempre hay tiempo para masturbarse. No me vas a decir que puedes leer un libro o pintar las paredes de tu cuarto bajo la ducha. Y en la ducha tienes todo a tu disposición : lubricantes de todo tipo, agua, estás en pelotas…todo está hecho para que uno se masturbe. Es un pinche complot, el güey que inventó la bañera era un perverso. Y entre el ansia de antes y la frustración de después, de pequeño orgasmito triste, de chorrito sin presión y sin cansancio siquiera, prefiero la frustración de después y luego no pensar en eso durante varias horas, hasta que el ansia recomienza…
-          Sublimación, carnal, sublimación. Como los hombres de fe y eso.
-          Ay sí. El que este libre de semen en la mano, que tire la primera piedra y con la otra para que no embarre.
-          Touché.
-          ¿Ya ves ?
 
Levanto la mano para pedir otro café y la cuenta. Juandiez no ha tocado el suyo, así que supongo que no quiere otro. Un mesero con olor a camisa sucia me trae las dos cosas.
 
-          ¿Entonces qué ? ¿Te estás autojustificando por jalártela ? Mira mano, ese es muy tu pedo, a mí qué me cuentas. Si quieres matarte a pajas, arriba y adelante, más vale pájaro en mano que siento mojado…no necesitas permiso ni aval, ni decisión del tribunal de primera instancia ni nada y me late que estás buscando eso.
 
Imposible esconderle nada a este cabrón.
 
-          Tal vez sea eso…o solo quería hablarlo para ver cómo se oía y ver si mis debates internos de noche de insomnio suenan coherentes para alguien más. Pero jalársela a los 30 me suena a desperdicio.
-          A mí me vale madre. Igual ya sabes que si te la sigues jalando…
-          Ya sé: Me voy a quedar enano, me va a dar tos, me voy a quedar ciego, se me va a caer el pelo…
-          …vas a desarrollar más el brazo derecho que el izquierdo…
-          Ah, ahí te equivocaste, soy zurdo, pendejo.
-          Bueno, el izquierdo, y te va a salir un pelo en la mano.
-          Eso es falso. No es que crezca un pelo en la mano. Lo que pasa es que se queda pegado.
-          Pinche cerdo. Ya estás como tu amigo ese, el Tepi.
-          ¿Leíste alguna vez Palinuro de México, de Del Paso ? Había un pasaje a toda madre haciendo la apología de la masturbación.
-          No, pero todo el mundo que habla del tema la hace. Vaya bola de escritores con sentimiento de culpa.
 
De un jalón me acabo mi segundo café, pago la cuenta y tomo mi mochila.
 
-          Bueno brother, yo tengo chamba, te dejo. Ya luego te descuelgas por la casa un día.
-          Ah, por cierto, ¿en qué quedó eso de que ibas a darte de topes contra el famoso sistema, con tu racita ?
-          En eso ando. Ando buscando enemigos todavía. Me ocupa bastante tiempo. Ayer me acosté leyendo y apagué la luz a casi las 3 de la mañana. Sin contar que por las noches discuto con el abuelo y nos damos ánimos. El porque quiere llevar una vida novelera, pobre, piensa que París se parece a la de sus novelas de juventud. Poco a poco lo bajo de la nube para que sepa en qué ciudad puso las patas. Y por descuidado y soñador sigue poniendo las mismas en cacas de perro, casi a diario.
-          ¿Y aun así te queda tiempo para… ?
-          La dicha es mucha en la ducha, la dicha es mucha en la ducha, a falta de pucha.
-          Zas.
-          Hasta eso, ni es mucha. Pero calma.
-          Triste Diego, eterno insatisfecho. A ver si te mueves en lugar de agitarte.
-          Chistosito cabrón. ¿Cuándo viste que las revoluciones se hayan hecho para olvidar la frustración sexual ?
-          Bueno, ahí tienes al cura Hidalgo, a Morelos, a Matamoros…
-          Al menos los primeros dos tuvieron una vida sexual plena.
-          En su honor se bautizó La venida de los Insurgentes.
-          Solo que Morelos tuvo un hijo que le salió pendejo como nosotros y ya ves cómo acabó.
-          En este país también.
-          Ah, eso no me acuerdo. ¿Sabes porqué su hijo se llamaba Almonte?
-          Algo oí.
-          Porque el sirviente de Morelos le decía al prócer « Ya se fue otra vez el niño al monte a jalársela »
-          Me late que estás cambiando la leyenda, Diego.
-          No güey, por eso de tanto jalársela se volvió loco y vino aquí a buscarle chamba a monarcas extranjeros para darnos un emperador panista que gobernara México y volvernos colonia de facto de la potencia al bat.
-          Y si sigues jalándotela tú también te vas a volver tarumba y a pedir la integración de jure de México a Estados Unidos.
-          Nada, qué…viento de libertad, sangre combativa mi buen…con amenazas así te juro que enmendaré mi camino.
-          ¿ Y para cuándo tenemos ya un plan de lucha ?
No lo sé…¿no habrá uno ya hecho en Internet, entre las historias eróticas que dices ?
Par Jorge Romaneste - Publié dans : Monologos de todos nosotros
Ecrire un commentaire - Voir les 1 commentaires

Présentation

Recherche

Calendrier

Janvier 2012
L M M J V S D
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31          
<< < > >>
Créer un blog gratuit sur over-blog.com - Contact - C.G.U. - Rémunération en droits d'auteur - Signaler un abus