Vendredi 24 août 2007
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Con esta lluviecita fina y yo perdido en los confines de la banlieue norte – pinche Angel no es el único que puede hablar en itálica – metido en este parque industrial
igual a otros, con oficinas así y asá, todas igualitas, con la plaquita del número de oficina y el nombre de la persona en la puerta, con su comedor, su sala de formación y aquí es donde entro
yo. Un engranaje más como eventual en el diario acontecer de esta filial constructora de helicópteros, rodeado de ingenieros por todas partes y fotos de misiles, helicópteros de combate y
maquetas por todos lados. Acá vengo dos o tres veces por semana muy modosito a dar mi clase, y previa identificación y obtención de un badge, puedo entrar a este mundo prohibido para la mayoría
de los civiles que no tienen el privilegio de venir a limpiar, reparar la máquina del café o dar clases de idiomas.
No es que me fastidie venir hasta acá, es que si vengo es para un curso particular –ya de por sí fastidioso- que normalmente era de 60 horas para 8 personas y que finalmente
se dividió en dos grupos, uno de 7 y otro de uno, porque ese dichoso uno hiede, apesta, huele a troquero o como quieran, y el resto de los practicantes se negó terminantemente a tomar clases con
él. Alertado por los 7 beligerantes de ello, el servicio de formación decidió pagarle clases particulares a este señor, y así todo mundo aprovecha las clases y solo fastidiamos a uno con el olor
del tipo. Y ese pendejo que soporta soy yo. Pero al menos es chamba inesperada y perrobien pagada.
Hasta eso el tipo no es mala leche, pero El Oloroso (así lo pasamos a llamar) presenta un hedor característico del metro de París en invierno, resultante de vida en pequeño
departamente mal ventilado o de plano no ventilado, donde se fuma, se bebe y se suda, y se pone uno la misma camisa y la misma camiseta todos los días. A juzgar por lo chamagoso del pelo, este
director de producción debe lavarse con una esponjita o meterse a la regadera una vez por semana.
Pero por hoy, terminó la sesión, casi una semana de libertad nasal provisional por delante. Ahora tengo que tomar un tranvía para ir al metro y correrle para llegar a la Unesco en
una hora, hora y cuarto. De aquí a Saint Denis y de ahí todo derecho hasta Duroc, y de ahí a Ségur y camino.
Una hora más tarde me estoy bajando en Ségur. Hacía añales que no venía por acá, y pensar que lo hice diario durante poco más de un año. Las mismas tienditas, la misma panadería.
Una cuadra. Atravesar el boulevard Garibaldi, la misma placita. Esta placita la retocaron un poco, antes el león de bronce de una escultura lucía testículos de color rojo, producto de una mente
desocupada con un bote de spray. Ahora luce los huevos limpiecitos y rasurados, qué león tan correcto.
Ahí está, al doblar la esquina, el monstruo. El dinosaurio de la Unesco-Miollis, el edificio más pinche y feo de estilo sesentero, más arcaico y deprimente por dentro y por fuera
que pueda concebirse. El monumento a la mediocridad, con y sin la gente que cohabita adentro. Ni sé para qué vine, ni sé cómo Angel aguanta trabajar acá, lo negrean regacho y le pagan lo que le
pagan. Pero bueno. Apuesto a que después de todo este tiempo, voy a ver a las mismas secres, los mismos empleados, los mismos funcionarios. Estoy seguro que a ese señor que va entrando yo lo
conozco, por ejemplo.
Bueno, veamos. Ando trajeado, finjo naturalidad, entro por aquí al estacionamiento…listo, como antes. El ascensor a la derecha,, nada cambia. Subimos a la Planta baja y heme
aquí.
La Unesco.
¿ Dónde estaba el kiosco Relais ? ¿El restaurant era en el piso –1 o en la planta baja ?
La asfixiante Unesco. La mal iluminada Unesco, la monótona Unesco. Eso se ve en los pisos, la planta baja todavía se salva un poco, pero es pura fachada. Seguro que desde que
Cortázar trabajaba aquí, ni la decoración en los pisos ni las oficinas han cambiado nada. Grandes posters en blanco y negro de algunas misiones, fotos antediluvianas con gente luciendo unos
cortes de pelo y unos bigotazos, cuando no es un africano con el pelo a lo afro. Diario veía esas fotos, seguro que todavía están.
- A ver señor, permítame su badge.
Me volteo para descubrir al pinche Angel.
- No mame joven, soy el embajador de Bolivia y si se
pone perro no le vendo más coca.
- Ja ja. ¿Te acuerdas todavía ?
- Fue un día glorioso para la historia de los
bolivianos honestos. Lástima que el abuelo tuviera inmunidad diplomática.
- Tengo poco más de una hora, vamos a comer.
Los mismos pasillos, el mismo linóleo negro quemado aquí y allá por colillas de cigarro mal apagadas o no apagadas del todo, manchas de humedad en las paredes, funcionarios,
funcionarios, más funcionarios…de aquí debió inspirarse Thierry Gilliam para hacer « Brasil ».
Pasamos frente al Economat y llegamos al comedor. Si recuerdo bien era medio carito, pero aquí en Angel es de la casa y además dijo que él invitaba, ahora se jode.
- Carajo, nadamás entrar me dan ganas de deprimirme.
Dos veces me corrieron de mala manera, y cuando estaba aquí no hablaba ni bien francés, a duras penas podía escribir 5 líneas para hacer 40 errores de ortografía, no tenía contrato y me pagaban,
cuando me pagaban au noir, una miseria. Te aseguro que si subo al tercer piso a Bolivia o al séptimo a la delegación mexicana, voy a ver al menos a las mismas pinches rucancianas que
ejercen su labor como secretarias en eterna menopausia y furor funcionario. Era un asco.
- Sobre las secres mexas no te equivocas, quedan 2 de
3, ahora hay una joven porque otra que nunca supe cómo se llamaba se jubiló. La crucé el otro día por Place de Clichy.
- Ya sé cual dices. Me hacía la vida de cuadritos
porque yo no era personal diplomático y porque cuando ella hacía una carta en inglés, el embajador me la daba a mí para que la corrigiera. Ella hacía un chingo de errores y ahora creo que si
me piden escribir en inglés a mí no paso del Dear Sir.
Pasamos por el Self, de ahí a la caja y directo a las mesas. Pinche Unesco, toda ajada, ¿ qué les cuesta darle una renovada total a este dinosaurio o cambiar de sede ? Todavía
Unesco-Fontenoy se defiende mal que bien, pero aquí…
- Me cae que esta madre no cambia. No sé cómo le haces
tú para no aburrirte, o no hacer una depresión. Heme aquí otra vez en el vientre del Gran Elefante. A ver si de perdido mejoró la calidad del Self.
- Son los mismos que atienden, me imagino que en cocina
siguen siendo los mismos. Y en las delegaciones, sabes cómo es…las caras grandes se van, las caras medianas se quedan, y las caras chicas son siempre legión. Y por el personal burocrático del
Elefante, el mismo de siempre, con la eficacia de siempre.
- Da gusto haberse mandado mudar.
- Ah que Diego… a poco no extrañas las guerritas entre
delegaciones, el ambiente remamón de las asambleas generales, las movidas entre embajadores y secretarias…¿cómo se llamaba la Miss Bolivia ?
- Silvia. ¿Te acuerdas cómo me tiraba los perros ?
pero estaba yo muy pollito… « era suya, la tenía y la dejó irrrrrr »
Angel sonríe, probablemente pensando en las minifaldas de Miss Bolivia. Luego entrecierra los ojos y me pregunta.
- Cuando dices que estabas muy pollito, ¿te refieres a
la edad o a lo pendejo ?
- Dame chanza…acababa de llegar, tenía 21 años, era un
mocoso perdido en una gran ciudad desconocida y caído de chiripa en la panza del Elefante.
- No contestaste mi pregunta.
- ¿ Va en serio o estás jodiendo ?
- Va en serio.
- Estaba muy joven, muy iluso y muy pendejo. Y si no me
tiré a la Silvia es porque todo el mundo andaba tras de ella, me imagino que sabían que jalaba…esa chava no tiraba indirectas, iba «droit au but » como el Olympique de Marseille…me imaginaba
que estaba ya toda pasteleada…una vieja ofrecida así no me dio ganas.
- ¿ Ni aunque fue Miss Bolivia ? lindo trofeo de
caza.
- ¿ Te conté que me invitó a un sauna ?
- Me contaste, sí. Pero de lo que dijiste antes, ¿qué
se te quitó ? ¿lo iluso o lo pendejo ?
- ¿ Soy yo o andas medio ofensivo ?
- No contestes si no quieres.
Sepa qué le picó a éste. Regreso a mi plato y Angel se concentra en el suyo. El silencio es pesadito pero no dura mucho.
- Antes eras más luchón. Se te enfriaron los
huevos.
Conque era eso.
- Bueno, ahora tú ¿qué te traes ?
- Diego, te conozco desde el Tec…
- No mame, en el Tec nomás llevamos una materia juntos
nadamás. Y una vez le pusimos 6-0 a tu equipillo pedorro en futsala, con el quinto gol de tu servidor.
- Bueno, nos graduamos al mismo tiempo, salimos del
país justo cuando empezó la crisis…llegamos con dos semanas de diferencia a la Unesco, chambeamos dos años con el Elefante, planeamos guerritas contra él, combatimos la burocracia, luchamos hasta
contra el tráfico de drogas y la prepotencia de los embajadores de nuestras delegaciones…
- ¿ Le llamas lucha contra la prepotencia cuando le
tiramos al embajador mexa las aspirinas con las que se curaba la cruda los lunes o cuando les quitábamos todas las grapas a las engrapadoras?
- Le llamo lucha a nuestras conversaciones, a una
visión compartida del mundo, a la rabia que nos daba la corrupción, la estupidez de los embajadores, la monstruosa lentitud e ineficacia de los funcionarios que no funcionan, el tren de vida y el
cerebro hueco que se daban los funcionarios de las delegaciones que llegaban a las 11, leían revistas, se iban a las 3 y se quejaban del stress…
- ¿ Y qué cambió aquí desde que me fui?
- En grandes líneas, nada.
- ¿Ves buey ? Las luchitas eran divertidas, para
pasar el rato, pero hoy no creo que hayan servido de nada…qué iban a poder dos explotados del sistema para madrear al Elefante. Creo que siempre fue así y así va a seguir siendo…
- Puta, ¿te estás oyendo hablar ?
Me oigo hablar. Angel me mira fijo.
- Sí, ya sé que se oye ojete, pero mira, ahora rondamos
los 30 años, tú te quedaste en el Elefante, yo no pude y ahora no creo que me hubiera gustado. No sé cómo puedes trabajar en este cochinero. Los que jalan siguen siendo los jóvenes como tú o yo
que llegan al final de sus estudios con ganas de chambear y que trabajan 9 horas diarias sacando copias y redactando correo que nadie leerá, enviándole invitaciones de vernissages y noches
culturales al embajador del culo del mundo, repartiendo cartas por todas las delegaciones y yendo al Economat a llenar el refri de la delegación o a comprarle su pan a la esposa del embajador. Y
por todo esto te pagan un euro al mes. Y cuando te hartas y ves que te explotan y que no hay chanza de que subas, te largas y tu lugar lo ocupa otro recién graduado que está en la lista de espera
y que se tomará tu engrapadora, tu silla y tu euro simbólico.
- ¿En resumen ?
- En resumen, para qué amargarse luchando por
pendejadas que no puedes cambiar. Que agarren y hagan su desmadre. Mientras no se metan conmigo, ni pedo. Ya se morirán. El elefante es biodegradable.
- Te oigo hablar y casi casi estoy oyendo a
Graciela.
- No mames, que entonces sí me voy a alarmar.
- El domingo pasado, ¿te acuerdas cuando saqué el
artículo del Obispo ? dijiste casi lo mismo, que para qué me interesaba en eso, que los dejara hacer su desmadre, que no se podía cambiar nada y que mientras no se metieran contigo.
- No dije eso.
- Ponle que no, pero no andabas lejos.
- Bueno, ya estuvo, ¿adónde quieres
llegar ?
- ¿Te puedo hablar derecho?
- Dale, una más, una menos.
- ¿ Es lo de Hélène que te tiene así o de plano bajaste
los brazos y entraste al redil ?
- ¿ Cual redil ? no confundas el idealismo pendejo
de dieciochoañero y el pragmatismo…esta madre no la cambia ni tú, ni yo ni el director general…por cierto, la guatemalteca que se tiraba ese cabrón…
- O sea que para el señor Lazo, pragmatismo es
agacharse.
- No confundas, pero bueno, ¿qué quieres que te
diga ?
- Quería que me dijeras que te interesabas por la
injusticia, que te sigue asqueando la corrupción en lugar de aceptarla y seguirle el juego a esos cabrones, quería que me dijeras que no has apagado el cerebro ni encerrarte en tu pequeña vida
pedorra, pero en el último Yaqui te desconocí. Así no eras buey, aquí te respetaban…
- Sí buey, se nota.
- No ellos pendejo, nosotros. Antes dabas la cara,
sacabas trapos al sol, enviabas las pendejadas de los embajadores por la red, una vez a un periódico…
- …que no dijo nada.
- …y lo de la coca del embajador.
- Ejele, ese no fui yo. Ahí sí no me atreví.
- Pero el güey que lo hizo, ¿crees que se hubiera
animado si no te hubiera visto diciendo fuerte y claro lo que pensabas de la guerrita pendeja de faxes entre Perú y Ecuador y cuando le soltaste al boliviano que nos daba lecciones de moral y
respeto a las instituciones lo de que él cuando era ministro de educación y le dieron el golpe a su presidenta, se escapó descolgándose del segundo piso ?
- Ji ji…la cara que puso, ni se animó a mandarme al
carajo.
- Nunca me dijiste cómo sabías eso.
- Nada del otro mundo. Silvia me lo contó, me gustaría
decirte que fue una confesión después del amor y con un cigarro, pero no, fue ahí en el tercer piso. Creo que en Bolivia se supo. Y ese sapo creía que por tener título de embajador todo mundo iba
a lamerle las patas y que iba a poder cogerse a las stagères de aquí.
- Y no se equivocó. A algunas les prometió cosas, les
metió alcoholes y véngase.
- Literalmente, el « véngase »
- Ja ja.
- Es igual. Cabrones como ese andan pudriéndose de lana
y bien protegiditos, ni quién les reclame nada, y te aseguro que si alguien allá lo reconoce en la calle, se tira a sus pies. En el fondo quisieran estar en su lugar para poder hacer las mismas
tranzas que esos cabrones.
- ¿ Y eso te fastidia ? No digo que te vistas de
Supermán y combatas el crimen, pero de ahí a alzarte de hombros y no tomar partido…
- No tomar partido es tomar partido.
- Sí, el de ellos.
- …
- …
- Mejor invítame un café, pinche Angel.
Angel se levanta y yo voy tras de él. Ponemos las charolas en su lugar y retomamos los sucios pasillos para ir a la cafetería. Por un momento me duele el paladar y me arden los
ojos. Este güey ya me puso triste.